VILLANUEVA DE LA SERENA

De Vozdemitierra

Image:Copy.gif Nota.- Para proteger la integridad de esta obra no se puede editar, pero puedes introducir palabras o expresiones de esta localidad en Villanueva de la Serena1


Juan Rodríguez Pastor, El vocabulario extremeño de Isabel Gallardo (Revista Saber Popular núm. 15, Fregenal de la Sierra (Badajoz), 2000, págs. 83-131. Contenido en la Biblioteca Virtual Extremeña en [1]


Tabla de contenidos

Gentilicio

Villanovenses, serones y furracos.


A

ACEITUNAS DE VERANO. En Extremadura un tipo de aceitunas aliñadas. Estas aceitunas se ponen, recién cogidas del árbol, en una olla, se cubren de agua, sin mudarla, y se van luego sacando las que quieran endulzarse. Para esto se rajan y se tienen en agua, mudando ésta todos los días hasta que las aceitunas hayan perdido el amargor. Cuando están dulces se les echa el agua salada, con tomillo o aliñándolas como se prefiera. Resultan muy bien poniéndolas la sal, una o dos naranjas enteras claveteadas con clavillos de especia, orégano, ajos, laurel y vinagre, todo al paladar. A estas aceitunas conviene ponerles agua de sal en el mes de febrero o marzo. El agua salada estará graduada con un huevo fresco, y de este modo se conservan sin estropearse por el tiempo que se quiera (Cocina).
ACELGÓN. m. Planta comestible. Ú. m. en pl. (D-34).
ACLARAOR. m. Insecto de patas largas, que se desliza sobre el agua, y que, según la creencia popular, sirve para aclarar el agua cuando se enturbia. “Una fuentecita de agua cárdena, por cuya superficie corrían como electrizados los aclaraores, unos bichitos patilargos” (Torres).
ADOBERO. m. Persona que hace adobes (Cuentos).
AGUABARRO. m. Mezcla que utilizaban las mujeres para dar a los enrollados que existían en las casas, en el centro de los zaguanes. “Las lugareñas seguían blanqueando sus casas, dando el agua-barro a los enrollados del centro de sus zaguanes...” (Torres).
AGUISILLOS. m. pl. Campanillas con que suelen adornarse las caballerías. “Dice mi agüela que me empreste usté, tío Lucas, los aguisillos de las mulas” (Cuentos).
AGUZÓN. m. Una determinada herramienta de hierro (D-29).
AÍNAS. adv. t. y m. Pronto, rápido. “No se le va de la cabeza, tan aínas, la idea de casarte con ella” (Cachu-II). DRAE: adv. t. y m. ant.
AJO BLANCO. m. Comida que se prepara machacando una punta de ajo con unas almendras; una vez molido todo, se trabaja con aceite, echándolo gota a gota, como en la mahonesa. Después se le agrega vinagre, se alarga con agua y se sazona de sal, quedando el caldo blanco como la leche, y echando el pan a pellizcos (Cocina).
AJOTAR. v. Azuzar los perros (Bonifacio). DRAE: León, Sal., Amér. Central y P. Rico.
AJUNCO. m. Desmayo. “Volvió rápidamente del ajunco” (Torres).
ALBILLA. f. Guisante (D-30, 35).
ALCUCERO. adj. Curioso, entrometido (Cuentos).
ALDROMINERO. adj. Callejero, que le gusta callejear (Cuentos).
ALELUYAS. m. pl. Corderos que se vendían para la feria que se celebraba el Sábado de Gloria. “Se venden corderos para aleluyas” (D-30). “Corderos aleluyas vendidos en Badajoz” (D-35).
ALMIRECERA. f. Soporte para colocar el almirez (D-30).
ALREORES. m. pl. En los dormitorios, anchas franjas de tela, suspendidas de la pared a la altura de los colchones, formando zócalo, para impedir el roce de los cuerpos sobre los muros enjalbegados (Torres).
ALUEGO. adv. t. Luego. “Pero aluego golvía a echal agua” (Cachu-II).
ALVEDRIADO. adj. Vidriado (D-31).
ALVELLANA. f. Avellana (Fondo).
ANDANCIA. f. Enfermedad. “Tengo en cama a mi niño con una andancia que no hay quien la sujete” (Medic-I).
ANSINA. adv. m. Así (Ara). DRAE: ant. Ú. todavía por hablantes rústicos.
ANTERROYO. m. Anterrollo, collera (D-34). DRAE: And., Bad. y Burg.
ANTIGUAL DE. loc. adv. En vez de. “Antigual de curarla” (Cachu-II).
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ANTISANTIER. adv. t. Antes de anteayer. “End´anti santié, eso es” (Cachu-II).
APARTAOLLAS. m. Lucero del atardecer. “Así que le ven (las aldeanas), apartan sus pucheros del fuego, porque los maridos vendrán en seguida del trabajo” (Cachu-I).
APEGAR. v. Pegar, rimar. “¡No cr´a´sté que s´apega la probreza!” (Cachu, Ara, Cuentos). DRAE: desus.
APEGOSTAR. v. Pegar. “Sus cabellos, apegostados por el fijador” (Cachu-I).
APERADORA. f. Mujer del aperador (D-36).
APEZUÑADO. adj. Se dice del perro que tiene uñas por encima de la pata. Este perro, aunque sea mordido por otro, nunca coge la rabia. “Can apezuñado, no se daña” (Rabia).
APRIESA. adv. t. Aprisa (Cuentos). DRAE: vulg.
ARCO (o ARQUITO) DE SANTIAGO. m. Arco iris. Cuando luce en el cielo, los niños cantan:
“El arco Santiago,
verde y colorado,
pinta la uva
y no está madura;
pinta el melón
y no está blandón” (Fondo).
ARRECOGER. v. Coger (Cuento inéd.).
ARREGOLVER. v. Revolver. “Y si no, arregolveisus con la suerte...” (Ara). DRAE: arrevolver, ant.
ARREMPUJAR. v. Empujar. “Yo le arrempujaba y él se agarraba a la reja” (Torres, Fondo). DRAE: desus. y hoy vulg.
ARRISCARSE. prnl. Engalanarse (Cuentos).
ARRUÑAGATOS. adj. Se usa como insulto (Cuentos).
ASA BRASERO, DE. loc. adv. Tipo de pendiente, denominado así por su forma (Cuentos).
ASINA. adv. m. Así. “¿Con unas alpargatas viejas, o cosa asina?” (Cuentos, Cachu-I y II). DRAE: vulg.
ASISÓN. m. Sisón (D-30, Cocina).
ATERMEÑARSE. prnl. Atreverse. “¡Que me pegu´a mí, si s´atermeña!” (Cachu-I y II, Cuentos).
AVENÓN. m. Hierba o planta, y su fruto. “Cuando la ve llegar con las piernas llenas de espinosas bolitas o de avenones secos...” (Cachu-I).

B

BARBACACHO. m. Barbuquejo. “Sombrero cordobés, sujeto bajo la barba por el barbuquejo o barbacacho, que decían allá” (Cachu-II).
BATEO. m. Tipo de dulce de sartén, con miel, que suele tener la forma de una rosca, menudillo (Cuentos).
BAYÓN. m. Espadaña, planta (D-38). DRAE: Extr. y Sal.
BERNAGAL. m. Copa de barro con dos asas, bernegal (Cachu-II, D-44, Cuentos).
BERNAGALERA. f. Lugar donde están las tazas, los bernegales (D-44).
BIRLONGUEO, DE. loc. adv. De juerga, a la birlonga. “Me tienes solita como un cuco, y tú..., ¡de birlongueo!” (Cachu-I, Cuentos).
BLANCÓN. adj. Miedoso (Cuentos).
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BODITA. f. Especie de dulce casero que hacen los niños metiendo una bellota pelada dentro de un higo seco (Ara).
BOLLA. f. Tipo de dulce. Ú. m. en pl. (D-35, 38). DRAE: León.
BOLLUELA. f. Tipo de dulce. Ú. m. en pl. (D-30).
BORRACHANGA. adj. Borrachín. “Prefiere al borrachanga de Matías” (Cachu-II).
BORRASCA. f. En Ceclavín (Cáceres), el 24 de diciembre y otros días cercanos, fiesta típica que se realiza en varias casas, con música y baile en corro (Navi-II).
BORRASCOSO. m. En Ceclavín (Cáceres), mozo que participa en la fiesta de la Borrasca. Ú. m. en pl. (Navi-II).
BRAGANZA. f. Bragadura, parte de los calzones que da ensanche al juego de los muslos. “Calzones hondos de braganza” (Cuento inéd.).
BUFETE. m. Silla (Cuentos).
BULLIERO. m. Juego del columpio (Fondo).
BUÑUELO PELEÑO. m. Canelón, dulce típico de la localidad pacense de Navalvillar de Pela. Ú. m. en pl. (Cuentos).
BURAQUE. m. vulg. Agujero, buraco (Cuentos).
BURRANCO. m. despect. Burro (Fondo).
BURRILLA. f. pl. Soporte de madera para las camas, los baúles, etc. “Encaramado en altas burrillas de labrada encina hallábase... un gran baúl” (Cachu-I, Cuentos).
BURRO. m. Palo alto, especie de rústica percha (Villarta). // 2. En los juegos infantiles, jugador que pierde y por lo tanto le toca ponerse (Fondo).

C

CABA. f. fam. Mujer del cabo (Cuentos).
CABRILLAS. f. pl. Las siete cabezas de la constelación hidra. “Los aldeanos, en las noches invernales, consultan su altura para saber qué hora es”. “Todo el año anda una de esas cabrillas a la patita coja y, naturalmente, siempre va la pobre de rabera. Pero, en la noche de san Juan, la cabrita coja se adelanta de repente a sus compañeras. Entonces el cabrero les tira la porra y deja cojita a otra, que también sigue cojeando todo el año hasta la llegada del nuevo san Juan” (Cachu-I).
CACHARRA. f. Cacharro, vasija tosca (Cuentos).
CACHO. m. Voz que se da cuando cae el cálviro, en el juego del mismo nombre. “El que le caía, hacía cacho” (Cuentos).
CACHORRILLO. m. Pistola vieja y grande, pistolón (Cuentos). DRAE: Pistola pequeña.
CACHUELA. f. Comida que se hace en la matanza con la asadura del cerdo. Para ello se derrite manteca en un caldero; cuando está caliente, se echa el hígado, picado menudo, se le pone sal y ajos machacados. Una vez rehogado, se le añade pimienta negra, clavo, nuez moscada, jengibre, cominos y canela, todo bien molido. Se le agrega agua para que, cociendo, se ablande, y se aparta. Se pone una poquita de sangre líquida, volviendo a arrimar la sartén al fuego para que la sangre se cuaje, sacándolo enseguida y sirviéndolo (Cocina). DRAE: Guisado que hacen en Extremadura...
CAER. v. Tirar (D-35, 42, Cuentos). “Cuidando de no caer los restos de vidrio” (Torres).
CAGALÁN. m. Tripa del cagalar (Navi-I).
CAJA DE LA CARIDAD. f. En Orellanita, féretro, propiedad de la iglesia, que se usaba para enterrar a la gente humilde. “Fue conducido al cementerio en la caja de la caridad” (Orellanita).
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CALAMANCHO. m. En algunas localidades extremeñas, palo alto, especie de rústica percha (Villarta).
CALDILLO. m. Guiso que se hace en la matanza con hígado y especias conservándose después, cubierto de manteca, en orzas. Para prepararlo, se hace pedacitos el hígado y se rehoga con manteca, ajos rajados y laurel. Después, se le pone un machacado de especias, anís o matalahúva, canela y ajos, machacando con esto un poco del hígado frito, para que resulte espesa la salsa. Esto se deshace y añade al hígado con agua hirviendo, y se deja al fuego un momento, procurando que no cueza, porque entonces se endurecería. Este caldillo, puesto en orzas y cubierto de manteca, se conserva muy bien (Cocina).
CALORINA. f. Calor sofocante (Cuentos).
CÁLVIRO. m. Juego que consiste en hacer caer, tirándole palos desde cierta distancia, un palo grueso, con tres patas (Cuentos).
CAMINO (o CAMINITO) DE SANTIAGO. m. Vía Láctea. “Afirmando (el vulgo) que hasta que no está derecho (el caminito de Santiago) no madura la uva” (Cachu-I).
CAMOMILE. f. Camomila (Cachu-I).
CANDILERA. f. Candilero, barrita de hierro, lisa u ondulada, rematada arriba por una crucecita del mismo metal, clavada en un ángulo del frente de la cocina, de pared a pared, donde se colgaban los candiles. “Cuando no se encendían los candiles dejábanlos colgados en la candilera” (Navi-I).
CANELÓN PELEÑO. m. Dulce característico de la localidad pacense de Navalvillar de Pela. Ú. m. en pl. (D-42).
CAÑÓN. adj. Muy bueno, excelente. “Una mujer cañón” (Cachu-I).
CARAMBELO. m. Caramelo (Cuentos).
CARRERITA. f. En Villanueva de la Serena (Badajoz), procesión del Encuentro (Navi-II).
CASA SERRANA. f. Casa típica, cuya entrada, en su mayoría, era redonda por arriba, a estilo moruno; la fachada, de grandes piedras o de pizarras, sin blanquear en su mayoría, ya que solamente se blanqueaban los quicios de las puertas y ventanas, todo alrededor, formando un arco; en la mayoría de estas casas había un tejadillo por encima de la entrada, para darles sombra y resguardarlas de la lluvia (Torres).
CASORIO. m. Boda. “Venía a las tantas e la noche de tratá del casorio” (Cachu-I).
CASTAÑETORRO. m. En Peñalsordo (Badajoz), danzantes de la procesión del Corpus. Ú. m. en pl. (Danzas-II).
CATRE. m. En el juego infantil de los bolindres, rectángulo de tamaño variable, con una raya al medio, en la que cada jugador coloca los bolindres que se va a jugar (Fondo).
CERANDA. f. Cedazo (Cuentos).
CERCÓN. m. Cercado grande. “Procedente de su famoso cercón del Grajo” (Cachu-I).
CERRILITONA. adj. f. Obstinada, cerril (Cuentos).
CIRUELAS DE SAN ANTONIO. f. pl. En Villanueva de la Serena (Badajoz), variedad de ciruelas, transparentes y finas, de color de oro (San Juan).
CIVILA. f. fam. Mujer del guardia civil (Cuentos).
CLISARSE. prnl. Quedarse quieto mirando fijamente algo (Fondo).
COBRE. m. Ristra de ajos. Ú. m. en pl. (D-38). DRAE: ant.
COCIDO MATANCERO. m. Cocido que se come en los días de la matanza, con coles, huesos, tocino fresco, morcilla de lustre, etc. (D-44).
COGOLLO. m. Parte alta de cualquier planta o árbol. “Blanquean los oscuros jarales coronados de flores blancas y olorosas como maripositas aleteando en sus cogollos” (Cachu-I).
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COHETEAR. v. Tirar cohetes. “Ofreciéndose a cohetear en las bodas” (Cachu-II).
COLCHA DE RUEDAS. f. Tipo de colcha, tejida en los telares caseros, con lanas de vivos colores. “Tendían una colcha de las llamadas de ruedas” (Orellanita).
COLMILLO m. Pececito de ocho a diez centímetros de largo como máximo, estrecho y redondo de cuerpo, de cabeza alargada, y que sólo tiene la espina central. Estos peces se pescaban en abundancia en el río Zújar. Para prepararlos, se limpian y se fríen enharinados; después se les pica un tallo de cebolla fresca, se les añade un polvo de pimentón y un machacado de ajo y guindilla, que se deslíe con un poquito de vinagre. Esto se vierte sobre los colmillos, se mueven bien para que se penetren de la sazón, se les da un hervor, y se sirven (Cocina).
COMITIVA. f. Comida (Cuentos).
CONEJO ESCABECHAO. m. Comida que se usa con mucha frecuencia en Extremadura. Limpio y hecho pedazos el conejo, se cuece con agua, sal, ajos y laurel. Cuando está cocido, sin deshacerse, se enharina y fríe, enhuevándolo o no, según se quiera, y se deja escurrir bien la grasa. Hecho esto, se pone en una salsa fría, hecha con ajos machacados con azafrán, unas cáscaras de naranja, una hoja de laurel, vinagre, agua y unos granos de pimienta, si gusta. Este escabeche es para gastarlo pronto, pues sólo dura de tres a cuatro días (Cocina).
CONO. m. Recipiente grande de barro, donde se hace el vino (D-31).
CONTINO, DE. loc. adv. Continuamente, de continuo (Fondo). DRAE: ant.
CORBILLO. m. Especie de podón (D-31).
CORDÓN. m. En Serradilla (Cáceres), figura que hacen los danzantes en la danza de cintas del mismo nombre (Danzas-II).
CORDONAZO DE SAN FRANCISCO. m. Temporal de lluvia que suele acaecer hacia el equinoccio de otoño. “Pos ya coló san Bartolomé sin mojarmos y... también pasará san Francisco sin darmos el cordonazo” (Cuentos). DRAE: Entre marineros.
CORDONES DE SAN FRANCISCO. m. pl. En Orellanita (Badajoz), las dos cuerdas con que ataban los extremos de la sábana usada para amortajar; una cuerda se ataba bajo los pies del difunto y la otra sobre la coronilla. “A estas cuerdas las llamaban los cordones de san Francisco” (Orellanita).
CORTIJERO. adj. Se dice del gallo presumido, de cortijo. “Cuando los gallos cortijeros cantaban llamando al nuevo día” (Cachu-II).
COSARIO. m. Recadero (D-34). DRAE: desus.
COTUVILLA. f. En el juego de saltar sobre un jugador inclinado, castigo que da el burro a aquel jugador que se confunde. Este castigo consiste en darle cinco golpes, nunca fuertes, mientras dice: “una, dos, tres, cotuvilla la e” (Fondo).
CRETONA. adj. Tonta, simple. “Niña cretona” (Cachu-I).
CUAJO DE CORDERO. m. Comida típica. En Extremadura venden por docenas los cuajos de los corderillos, resultando exquisitos si se asan con fuego suave en la parrilla o envueltos en papeles al rescoldo (Cocina).
CUCO. m. Especie de taleguita de lienzo que ponían a los niños pequeños a modo de pañal, atándosela a las ingles con cuatro hiladillos o cintas de algodón (Cuentos).
CUECELECHES. m. Tipo de vasija que se utiliza para cocer líquidos (D-37).
CUENTO DE RESOLANA. m. Cuento y suceso, a veces increíble, que narraban las gentes de los arrabales de Villanueva de la Serena y otros pueblos, en los días invernales, mientras se soleaban a las puertas de sus casas. Ú. m. en pl. (Intro).
CUIDIO. m. Cuido, cuidado. “¡Qué cuidio ha tenío!” (Ara, Cuentos).
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CULEBRÓN. m. Culebrilla, herpes, erupción en forma de culebra. Se cura, entre otras formas, escribiendo sobre la misma erupción la palabra culebrilla al revés. “Venerita probó a matarse la culebrilla, o culebrón que llaman otros" (Cachu-II).
CULÓN. adj. Grande.
“Que se los ponga el Niño (los calzones),
aunque le estén culones” (Navi-II).
CUQUEAR. v. Aburrir, chinchar a alguien. “Nadie se libraba de que le cuqueasen” (Cuentos).
CUTI. m. En los juegos infantiles, orificio o círculo donde se ha de introducir el bolindre (Fondo).
CH
CHACINERO. m. Lugar donde se cuelga la chacina (D-40).
CHANELO. m. fam. Juego del dominó (Cuento inéd.)
CHIGARRA. f. Cigarra, chicharra. “Era su voz parecía, talmente, la de una chigarra” (Cuentos).
CHINATO. m. Piedra pequeña (Fondo).
CHINCHOTE. m. Chichón (Cuentos).
CHIRINOLA. f. Cabeza. “¡Esa no está buena de la chirinola!” (Cachu-I). DRAE: fam. And.
CHIRLE. m. Herida, chirlo (Cuentos).
CHISQUES. m. pl. Utensilios, accesorios. “Nunca me s´olviaba la bolsilla e los chisques (para la escopeta)” (Cachu-I).
CHOCAZO. m. Caída, porrazo (Cuentos).
CHORIZO CORRIENTE, PATATERO, DEL CABO, DE MANTECA. m. Variedades de chorizo (D-47).
CHORRASCAR. v. Churruscar, asar o tostar demasiado una cosa. “La niña e lojo, que salió chorrascá” (Cuentos).
CHURRETE. m. En Villanueva de la Serena (Badajoz), mancha que, durante las fiestas de san Juan y san Pedro, se hacía en las fachadas de las casas (San Juan).


D

DAMBOS. adj. pl. Ambos, los dos. “Entonces m´hubiá alegrao que s´hubián casao dambo sa do” (Cachu-II, Torres).
DEDALITA. f. Porción, cantidad. “Una dedalita de celos le aclararía la garganta” (Cachu-II).
DEFUNTO. adj. Difunto (Cachu-II). DRAE: adj. ant.
DELIRIAR. v. Delirar. “Estará deliriando” (Cuentos).
DEMONGO. m. Demonio. “And´allá, pinturera´l demongo” (Cachu-I, Ara, Cuentos).
DENDE. prep. Desde (Navi-II). DRAE: prep. ant. y hoy vulg.
DESCARRILO. m. Descarrilamiento (Cartas, 1909).
DESFARATAR. v. Desbaratar, romper. “Sin perjuicio de desfaratar la noviería” (San Juan).
DESLABÓN. m. Reptil pequeño. “Aquel popular dicho siberiano:
Si la víbora oyera
y el deslabón viera,
no hubiera hombre
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que al campo saliera” (Cachu-II).
DESMAYÓN. adj. Que se desmaya. “Padrino es más desmayón que un ama de cría” (Cachu-I).
DESRABE. m. Acción y efecto de desrabar los corderos (D-37).
DIABLOTES. m. pl. En las Casas de Don Pedro (Badajoz), diablucos del día del Corpus, ya desaparecidos (Danzas-I).
DIABLUCOS. m. pl. Hombres disfrazados con trajes y careta, que protagonizan los actos de la festividad del Corpus en la localidad pacense de Helechosa de los Montes (Danzas-I).
DIR. v. Ir (Cachu-I, Cuentos).
DOBLAO. m. Cámara, desván, local situado encima de la vivienda (D-42, Cuentos). “Doblado, que aquí (en Villanueva del Arzobispo –Jaén-) llaman cámara” (Cartas, 1906)). DRAE: And.
DOLAIMA. f. Enfermedad, dolama (Cuento inéd.).
DONDEAR. v. fam. Poner “don” en el tratamiento de las personas (Cuentos).


E

EMBUDILLO. m. Ombligo de Venus, planta pequeña, habitual en las paredes de piedra. “Crecían las yedras, las uvas de lagarto, los embudillos y otras plantas parasitarias” (Torres).
EMPELOTE. adv. En pelota, desnudo (Cuentos).
EMPETADA. adj. Encopetada, presumida. “¡Mira que se ha ido empetada tu princesa!” (Cachu-I).
EMPRENCIPIAR. v. Comenzar, principiar. “Y emprencipio a sacá chispa si más chispas” (Cachu-I).
EMPRESTAR. v. Prestar (Cuentos). DRAE: ant. y hoy vulgar.
ENCUCURUCHAR. v. Poner un cucurucho (Cuentos).
ENCHILLADO. m. Viguería de encina que formaba la techumbre de las casas. “Cualquier partícula de polvo desprendida del enchillado, o viguería de encina ennegrecida, que formaba la techumbre” (Torres).
ENDE. prep. Desde (Cachu-I, Ara, Cuentos).
ENDESPUÉS. adv. t. Después (Cachu-I, Cuentos). DRAE: vulg.
ENFILERADAS. adv. En hileras. “Se cogen de las manos, enfileradas” (Fondo).
ENRASTRAJILAR. v. Ensartar un dicho tras otro sin parar (Cuentos).
ENSALADA GITANA. f. Ensalada de tomate (D-40).
ENTALLAR. v. Coger, atrapar. “¡Jiciás que (a una loba) la podamo sentallá re nalguna batía!” (Cachu-II).
ENTAVÍA. adv. t. Todavía. “Entavía no han llegao las carrestoliendas” (Cachu-II, Cuentos).
ENTERA. f. Juego infantil que consiste en saltar, desde una raya y con distintos tipos de saltos, sobre un jugador inclinado, el cual cada vez se va alejando más de dicha raya (Fondo).
ENTRAR. v. Meter. “Se entró de rondón en la cocina” (Cachu-I y II, Cuentos, Torres).
ENTREGA DE LA CRUZ. f. En Fuente del Maestre (Badajoz), representación popular, en verso, en honor de la Santa Cruz (Cruz).
ESCALIENTO. m. Enardecimiento, sofoco, agobio. “Anda la pobre con un escaliento pensando si serán güevos o cascarones” (Cuentos).
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ESCARBADERA. f. Escarbadero, sitio donde escarban los jabalíes y otros animales. “Llena de covachas, recovecos y escarbaderas, refugio de las reses” (Cachu-II).
ESCARCIA. f. Mal que afecta a las caballerías, y se cura con aguarrás y yodo (D-31).
ESCORZONADA. adj. Se dice del agua envenenada por haberse bañado en ella un escuerzo. “Apenas corría aquel agua y podía haberse bañado en ella algún escuerzo, podía estar escorzonada y su veneno podía matarla en pocas horas” Cachu-II).
ESCUPIÑA. f. Escupitina, escupitajo. “¿Es malo escupir pa arriba y que la sescupiñas dé nen la cara de los sangelitos?” (Cuentos).
ESCUSAO. adj. Entrometido, curioso. “¿Qué se le importará a usté, so... tía escusá..., lo que hago o dejo de hacer?” (Cuentos).
ESMORECIDO. adj. Aterido, helado de frío o de miedo. “E mieo esmorecía” (Ara). DRAE: Extr.
ESPALICAZO. m. Golpe con el talón que da el jugador que salta en el trasero del que está inclinado (Fondo).
ESPANTAPERRO. f. Nombre que recibe una chicas que, en compañía de una abanderada y varias alabarderas, protagoniza la fiesta de la “Vaca-mozas” en la localidad cacereña de Montehermoso. Ú. m. en pl. (Danzas-II).
ESPELUCAR. v. Despelucar, desordenar el pelo. “¡Hasta me se espeluca el pelo de pensarlo!” (Torres). DRAE: Amér.
ESPELUCIAR. v. Espeluzar, descomponer el pelo. “Arrecógete esas greñas, que paece tu cabeza una rueca espeluciá” (Cuentos).
ESPIGOCHA. adj. Se dice de la hortaliza espigada, que ha crecido demasiado y resulta dura para comer (D-44).
ESQUILÓN. m. Esquila. “El esquilón de la capilla” (Cachu-II).
ESTELLESA. f. Autobús (D-29, 31).
ESTREBEJIL. m. Jaleo, bullicio. “Ese estrebejil que están armando en la calle los muchachos” (Cuentos).
ESTRUMPIDO. m. Ruido fuerte provocado, por ej., al estallar los cohetes. “La fiesta del estrumpido” (Cachu-I). DRAE: Sal.
ESTRUMPIR. v. Estallar. “Celebrando los cojetes y rueas que va na estrumpí ra la noche” (Cachu-I). DRAE: Sal.


F

FALDEGAR. v. Blanquear o enjalbegar los bajos o faldas de las paredes. “Estuve a faldegar an ca la tía Bela” (Cuentos).
FALDÓN DE ACRISTIANAR. m. Faldón que lleva el niño al ser bautizado (D-46).
FORASTERO. adj. Ausente. “Estar forastero” (Cuentos).
FRAILE. m. Muñeco confeccionado a partir de una bellota y denominado así por su forma (Cachu-II).
FREIJÓN. m. Judía blanca, alubia (D-34, Cocina).
FRIJÓN. m. Judía blanca, alubia (Navi-I). DRAE: And. y Extr.
FURRIOLA. f. Fiesta, juerga, comilona. “Pepe, que no es amigo de furriolas” (Cachu-II).
FUSCA. f. Suciedad (D-31). DRAE: Extr. y Sal.
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G

GABEJÓN. m. Sarmiento. “En la lumbre, colocando a su antojo leños y gabejones” (San Juan, Navi-I, Ojo).
GALBIS, EN. loc. adv. Sin nada, en blanco. “¡Me parece que las dos se van a quedar en... galbis!” (Cachu-I).
GALLEAR. v. En Don Álvaro (Badajoz), ser el gallo, el mayordomo, en la fiesta de la Santa Cruz (Cuentos).
GALLEGO. adj. Tipo de aire (Carta).
GALLO. m. En Don Álvaro (Badajoz), mayordomo en la fiesta de la Santa Cruz (Cuentos).
GAMONITO. m. En Magacela (Badajoz), gamonita. “Tenían prevenidas algunas cargas de secos gamonitos” (Navi-I).
GAMUSINA. adj. f. De gamuza, tipo de tela. “Vara gamusina” (Bonifacio).
GANSERA. f. Tontería, nadería. “¡Qué gansera!” (Cachu-II).
GARBANCITO DEL CURA. m. Planta, variedad de cardo menudito, de pequeña cabecilla espinosa y amanojada, que los labradores emplean en cocimiento para lavar y cicatrizar las heridas de las caballerías. Ú. m. en pl. (Cuentos).
GARDUÑA. f. Tipo de hierba (Cuentos).
GAROTA. adj. f. Se usa como insulto. “Y tú..., so garota, a callar o... ¡te santiguo!” (Cuentos).
GARRABÁN. m. En la comarca pacense de la Serena, especie de danza ejecutada por un hombre solo, que trota arriba y abajo por la cocina o por el zaguán, mientras los reunidos cantan a coro y tocan las palmas (Navi-II).
GARROTERA. adj. f. Se usa como insulto (Cuentos).
GAZPACHO EXTREMEÑO. m. Gazpacho. Para prepararlo, se machaca sal, ajo crudo, tomate y pimiento picadito en un mortero o cuenco de madera. Todo esto se deshace muy bien, amasándolo con bastante pan rallado y aceite, dándole vueltas con la mano del mortero hasta formar una pasta muy ligada. Después, trabajándolo siempre, se le agrega vinagre y un poquito de agua, echándolo luego en la fuente donde se va a servir. Se alarga el caldo con más agua, se sazona de sal y vinagre, y se echa el pan a pellizcos, teniéndolo así un rato, antes de servirlo, para que el pan se esponje. Se le pica después por encima un poco de pepino y cebolla, si gusta. En tiempo caluroso se pone el gazpacho a refrescar en la nevera o con hielo, y si no lo hay, se mete en el pozo, dentro de un cantarito (Cocina).
GIMICLEAR. v. Gemir, gimotear (Cuento inéd.).
GIMIQUEAR. v. Gemir, gimotear (Fondo).
GOMIA. f. Gran cantidad, muchedumbre (Cuentos).
GONCHINCHE. m. Trago, buche de líquido. “Después me pidió la mujer el bernagal, cogió dél un gonchinche de agua y se la esporrió con fuerza a linfelís” (Cuentos).
GUASAVIVA. adj. Guasón. “Y el guasaviva cerró admirativamente los ojos” (Cachu-II).
GUIJO. m. Piedra pequeña. “Arreglando los caminos por donde pasaba, desembarazándolos de los guijos que entorpecían su marcha” (Cachu-I). DRAE: ant.
GUILOPA. m. Carpintero de poco alcance, aprendiz. “María Santísima no tiene la culpa de que tallistas y guilopas de pocos alcances la representen de aquel modo” (Cachu-I). // 2. f. pl. Señoritas del lugar, chicas de clase media o alta. “Guilopas llamaban en el Fresnillo a las señoritas del lugar” (Cachu-I).
GUINDÓN. m. Guindilla. “Freíanse en abundante grasa ajos y guindones secos” (Cachu-II).


H

HABICHUELA DE CARILLA. f. Carilla, judía de careta (Cocina).
HABICHUELO DE CARILLA. m. Carilla, judía de careta (D-30).
HABLATIVO. adj. Persona que habla mucho (Cuentos).
HATADA. f. Conjunto de comestibles, aliños, etc., que lleva el pastor (D-3). DRAE: Extr.
HORMIGAL. m. Hormiguero (Fondo).
HORTOLANO. m. Hortelano (Bonifacio). DRAE: desus.
HOYANCO. m. Hoyo grande. “En las eras del pueblo, sembradas de montones de estiércol y de hoyancos llenos de basura” (Cachu-I).
HUESO DE SANTO. m. Tipo de dulce (D-38).


I

INGÜENTE. m. Medicamento. “No quiero más ingüente de tu botica” (Fondo).


J

JABALÍN. m. Jabalí. “Pero, ¿si el jabalín no tie más jerías que la e mi chuzo?” (Cachu-II). DRAE: m. ant. Ú. en And. y Sal.
JABEÑO. adj. Natural de La Haba (Badajoz). “Los jabeños viajaban en sus borricos cargados con estas bagatelas” (Cuentos).
JARAMUGO. m. En Ceclavín (Cáceres), mozo que participa en la fiesta de la Borrasca (Navi-II).
JARERO. adj. Persona que arranca jaras (Cuentos).
JARREAR. v. Pegar al ganado, arrear. “¡Jarrearle un garrotazo en la cabeza!” (Medic-II, Ara).
JAYASGO. m. Hallazgo. “Paece mentira lo que estáis armando con el jayasgo” (Cuentos).
JERINGONCIA. m. Ademán, movimiento extraño de una persona, jeringonza (Fondo).
JERRUMBRERA. f. Topónimo derivado de herrumbre (Cachu-I).
JIERRO LA MALENA. m. Hierro de la Magdalena, hierro en forma de cruz que se aplica, al rojo vivo, sobre la frente de los perros, cuando tienen pocos meses, para preservarles de la rabia (Medic-II, Rabia).
JILAO. m. Lío, enredo (Cuentos).
JILAR. v. Desvariar. “¡Este está... gilando!” (Cachu-II).
JILIMOJE. m. Ensalada (Cuentos).
JINCHONAZO. m. En Helechosa de los Montes (Badajoz), golpe dado con un objeto punzante (Danzas-I).
JINCHONEAR. v. En Helechosa de los Montes (Badajoz), hurgar o golpear con un objeto punzante (Danzas-I).
JIPÍO. m. Especie de grito dado por los mozos. “Daban jipíos al paso de las mozuelas” (Cachu-I).
JOCIQUERA. f. Hocico. “Y endespués va y se limpia las jociqueras sen mis calzones” (Cuentos).
29
JONDALIZA. f. Hondón, hondonada. “El Callejón de los Lobos, esa jondaliza a la que los bichos tién tanta querencia” (Cachu-II).
JORMIGA MANTEQUERA. f. Tipo de hormiga (Cuentos).
JUDÍO. adj. Malo, travieso. “¡Qué niña más judía!” (Cachu-I).
JUGÓN. m. Jubón (Fondo, Bonifacio).
JUGUERA. f. Hoguera (San Juan).
JUMIGUERA. f. fam. Incensario (Cuentos).
JUMIGUÍN. m. fam. Humo que desprende el incensario. “En cuantis que te vean con tu jumiguín y tu jumiguera” (Cuentos).
JURRERA. f. Lugar donde se oculta el lagarto. “Del lagarto que la miraba desde la puerta de su jurrera” (Cachu-I).


L

LAMIAR. v. Lamer. “Padre, ¿es pecao de lamiar el plato el arrope?” (Cuentos).
LANERA. f. Lanero, almacén donde se guarda la lana (D-37).
LENGUA DE VACA, DE. loc. adv. Tipo de navaja (Cuentos).
LIARO. m. Liara, aliara, recipiente para el aceite, hecho de cuerno de vaca (Villarta, Cuentos).
LILAINA. adj. Soso, persona que carece de viveza. “¡A ver si va sa quear com´un lilaina!” (Cuentos).
LINORCILLO. m. Tipo de adorno de los volantes que orlaban las sábanas de lino. “Tenían sábanas de lino, orladas con deshilados y volantes de encaje o de linorcillo” (Torres).
LOCARIO. adj. Loco. “Llamábala el tío coqueta, locaria, embrollona y otras lindezas por el estilo” (Cachu-II, Cuentos).


M

MACHA. f. Mano del mortero, machota (D-31, Cuentos).
MADRAQUETA. f. ¿Cojín, almohada? “A un lado, la gran tarima de pino, con calado respaldo y doblado barandal, ofreciendo al descanso su mullida madraqueta, de lana de colores” (Cachu-II).
MADRILES. m. pl. fam. Madrid (Cachu-I).
MADROÑA. f. Madroño, arbusto. “Sentados en pedruscos a la vera de unas madroñas” (Cachu-II).
MALETÍA. f. Enfermedad. “Jiciá tuviá el niño la maletía e ne lestógamo” (Cuentos, Medic-I). DRAE: ant.
MAMALUTERA. adj. Se usa como despectivo.
“Zorrita, mamalutera,
harta de puchas
y bien caballera” (Cuento inéd., Fondo).
MANCHINEGRO. adj. Tipo de perro (Medic-II).
MANCHO. m. Mancha, pedazo de terreno que se distingue de los otros por alguna cualidad. “En el mancho de la Coscojera, cazaron varias reses más” (Cachu-II).
MANDA. f. Promesa que se hace a la Virgen o a un santo (Villarta). DRAE: And. y Chile.
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MANDAO. m. Recado, aviso o noticia. “No hacía más que atizar la lumbre, barrer los corrales o ir a los mandaos” (Torres, Cuentos). DRAE: ant.
MANGA AZUCARADA. f. Variedad de dulce. “Las mangas azucaradas, los pestiños, las empanadillas...” (Cachu-II).
MARIAPRISILLAS. adj. Mujer que hace todo deprisa (Cachu-I).
MARIGÜELA. f. En Villanueva de la Serena (Badajoz), escarabajo pelotero. Eran cazados por los niños, quienes les ataban hilos a las patas y les hacían andar, mientras cantaban a coro:
“Marigüela, güela, güela,
que los moros vienen cerca...,
cerca, cerca del Molar,
que te vienen a matar
con cuchiyos y navajas...
¡Aféitate, aféitate!
Que corcha, que nada,
que no vale nada...
¡Aféitate, aféitate...!” (Cuentos).
MARIPOSA DE BARAJA f. Variedad de mariposas, de velitas que arden sobre aceite en un recipiente (Cachu-II).
MAROCHO. m. En Barcarrota (Badajoz), muñeco estrambótico, relleno de paja y vestido grotescamente, que era quemado en las hogueras de la noche de san Juan (San Juan).
MATACULILLO. m. En Helechosa de los Montes (Badajoz), broma que realizan cuatro personas cogiendo a otra por los brazos y las piernas para darle golpes en el trasero (Danzas-I).
MATAGAÑANES. m. Lucero de la mañana. “Pintorescamente denominan matagañanes, porque les anuncia que el sueño y el descanso terminó para ellos” (Cachu-I).
MATANCEAR. v. Andar de matanza (D-43).
MATANCEO. m. Matanza, acción y efecto de matar (D-43).
MEDALLA DEL PERRO. f. Medalla que preserva de la mordedura de los perros rabiosos (Rabia).
MELECINA. f. Medicina (Cachu-I). DRAE: ant. y hoy vulg.
MELIYA. f. Plaga negruzca que ataca los sandiales, formada por minúsculos insectos, semejante a la que suele caerles a los habales, que escalda las plantas y seca sus frutos (Cuentos).
MENUDILLO. m. En Orellanita (Badajoz), tipo de dulce de sartén, con miel, que suele tener la forma de una rosca. “Iba un chico con una rosca de menudillo sobre una bandeja” (Orellanita, Cuentos).
MENUDO. m. Guiso que se hace con los callos de los animales (Cocina).
MENUDO CON PATATAS. m. Plato antiguo y clásico en Extremadura. Se limpian las patas y callos de carnero, vaca, etc., poniéndolos a cocer solamente con agua y laurel. Así que está medio cocido, se le agrega la morcilla y unas patatas, si se quiere. Se deja cocer otro poco, añadiéndole luego un machacado de ajo, perejil, sal y comino, dejándolo que siga cociendo y poniéndole por último un poco de tomate y cebolla, fritos en aceite y espolvoreados de pimiento molido. Este plato, tan antiguo como clásico en Extremadura, se compone además de los callos y patas, de una clase de morcilla que se hace para esto con las gorduras de la riñonada y vientre, cebolla picada en abundancia, hierbabuena, perejil, sal y la sangre sin cuajar (Cocina).
MERENDILLA. f. Comida ligera que se hace por la tarde antes de la cena (D-40).
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MERIENDA. f. Comida que se toma al mediodía (D-40). DRAE: en algunas partes.
MESMO. adj. Mismo. “¿Tú mesmo?" (Cachu-II, Cuentos). DRAE: adj. ant. y fam.
MICHINO. m. En Cádiz, marinero. “No pensaba en ningún michino, como llamaban a los marinos en la Tasita de plata” (Torres).
MIGAS CANAS. f. pl. Migas a las que se añade gran cantidad de leche, para que queden sueltecitas; es un plato de consumo corriente entre los pastores (Cocina, D-40).
MIGAS EXTREMEÑAS. m. pl. Comida habitual, para el desayuno, en los hogares extremeños. Para prepararlas, se rebana el pan la noche anterior, cortándolo muy fino y dejando unas rebanadas mayores para las tostadas. A la mañana siguiente se pone aceite en una sartén, o manteca de cerdo, que es mejor aún. Cuando está caliente se echan a freír las rebanadas mayores, dejándolas dorarse. Entonces se les pone un poco de sal, un polvo de pimiento molido y agua, inmediatamente, para evitar que este se queme. Si se quieren con pimientos secos o guindillas, se fríen estos a la vez que las rebanadas o tostadas, y, sin sacar nada de la sartén, se le echa la sal, el pimiento molido y el agua. Hecho esto, se le añade el pan rebanado, sobre él se riega un poco de agua, poniendo la espumadera bajo el chorro, para distribuirla bien por toda la superficie del pan. El agua debe ponerse en corta cantidad, la precisa solamente para humedecer algo las migas. Se dejan estas cocer un poco y se les da la vuelta, como si fuese una tortilla. Pasado un momento se pican con la espumadera o cuchara de hierro, en la misma sartén, hasta dejarlas muy finas, sin que se aparte del lado de la lumbre la sartén al hacer esta operación. También se hacen poniendo a freír ajos, con cáscara, en vez de rebanadas de pan. De ordinario se comen con aceitunas, sardinas asadas o fritas, ajos asados, bacalao seco, uvas, torreznos, chorizo, lomo frito o cualquier otro aperitivo. Así se hacen y se comen las verdaderas migas extremeñas (Cocina).
MIGAS MATANCERAS. f. pl. Migas que se hacen en las matanzas; se ponen con abundancia de manteca de cerdo en rama, que se pica y derrite para freír ajos y guindillas antes de picar las migas; se les pone también bastante pimiento molido y un poquito picante, para comerlas muy coloradas (Cocina, D-40).
MIGÓN. m. Miga grande de pan. “Limpiando su plato con un migón de pan” (Cachu-I).
MIJILLA. f. Mijina (Cuentos).
MIJINA. f. Porción exigua de una cosa. “Aspérate una mijina” (Cuentos).
MIMARRO. m. Mimo. “Lo que tiés es jartera e mimarros” (Ara).
MININES. m. pl. Caracolitos en el pelo (Cuentos).
MOCOSO. adj. Dedo índice (Fondo).
MOLDE DE HACER BUÑUELOS. m. fam. Broma de carnaval, consistente en mandar a los muchachos a buscar dicho molde a la casa de algún familiar o vecino, quien, avisado, solía echar, en un saco o cesta, piedras, zapatos viejos y otros desperdicios, encargándole que no lo destapara en el camino para no romper el molde, que era muy frágil. Los chicos, esperando atracarse de la apetitosa fritura, obedecían diligentes, a pesar de que el molde pesaba mucho (Navi-I).
MOLLAR. adj. Variedad de uva, aún algo fuertes para el día de san Juan (San Juan).
MONTE DE OLIVAS. m. En Portugal llaman así al olivar (Artículos).
MOÑICLE. m. Moño. “Llevaban los moñicles a la funerala” (Cachu-I).
MORCILLA BLANCA, NEGRA, DE ARROZ, DE HÍGADO. f. Variedades de morcilla (D-47)
MORCILLA DE LUSTRE. f. Variedad de morcilla, hecha con sangre (D-45).
MORDISCÁ. f. Mordisco. “Después de ponérsela al burro encima de la mordiscá del perro” (Medic-II).
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MORILLA. f. Morillo, piedra donde se hace el fuego en las cocinas. “Presididas por la pétrea morilla y la gruesa cadena de las llares” (Navi-I, Cuentos).
MORUCHA. f. Chica de clase baja.
“Las moruchas del Fresnillo
son rebujones de ropa;
llevan las tripas vacías,
por vestir cual las guilopas” (Cachu-I).
MORRA. f. Morro, cerro. “Dio unos pasos, quedando parada al mismo borde de la morra, que, bruscamente, terminaba por allí en un precipicio” (Cachu-II).
MOSTRUARIO. m. Mostrador, persona que lleva un muestrario. “¿Sabes si anda por aquí el amigote de tu marido, aquel maldito mostruario?” (Cuentos).
MOZALINGÓN. adj. Muchacho que ya casi es medio mozo, mozuelo. “Era entonces un mozalingón” (Torres, Cuentos).
MUDINA. f. Dicho o canción que se utiliza en las reuniones de chicas, y de mayorcitas, para hacer cesar el alboroto. En algunos pueblos, la chica que “echa la mudina” comienza a cantar lo siguiente:
“Cu, cu, cantaba la rana;
cu, cu, debajo del agua;
cu, cu, pasó un caballero;
cu, cu, se tiró tres pedos;
cu, cu, uno para Juan;
cu, cu, otro para Pedro;
cu, cu, otro para el que hable primero.
Yo tengo las llaves del cielo
y puedo hablar lo que quiero” (Fondo).


N

NACENCIA. f. Nacimiento. “Por nacencia te pertenece más que a naide el ser condesa” (Torres). DRAE: ant. y hoy vulg.
¡NO! interj. En Fuente del Maestre (Badajoz), interjección o muletilla que intercalan en la conversación. “¡Como lo sabe todo el mundo...! ¡No!” (Artículos).
NOVIAJO. m. Noviazgo. “Habíale prohibido meterse en noviajos” (Cachu-II).
NOVIERÍA. f. Noviazgo. “Sin perjuicio de desfaratar la noviería” (San Juan, Cuentos).


O

OLIVARÓN. m. aum. de olivar. “Yo tendría que vender también mi dehesa Fuentelunera, el olivarón y...” (Torres).
OLLA MATANCERA DE COLES. f. Comida propia del día de la matanza, cocido matancero (D-40).
ORELLANITA. Topón. Nombre popular que recibe la localidad pacense de Orellana la Sierra, lugar de nacimiento de Isabel Gallardo (Orellanita, Cuentos).


P

PACENCIA. f. Paciencia. “Y, en tiniendo pacencia...” (Ara, Cachu-I).
¡PACHASCO! interj. que denota sorpresa (Cuentos).
PACHORRENTA. adj. f. Que tiene pachorra, flema, indolencia. “Una pachorrenta capital de tercer orden (Torres, referido a Badajoz). “Pachorrentamente” (Cuentos).
PANDERONA. adj. f. Se usa como insulto. “¡And´allá, panderona!” (Cachu-II).
PANDUERCA. f. Pervinca, planta que se cría en los regatos de la sierra. “Formaban un portal con follaje de panduercas” (Orellanita).
PANETE. m. En Villanueva de la Serena (Badajoz), en los juegos infantiles, sillita que hacen dos niños uniendo sus manos, para que se siente sobre ellas otro niño (Fondo).
PAPALBILLA. f. Jineta. “Ayer maté una papalbilla; ya tengo dos pellejos” (Cachu-II).
PATA CAJONES, A. loc. adv. A horcajadas, postura del que se monta en una caballería echando cada pierna por un lado (Fondo).
PATAS DE LA VIRGEN. f. pl. Andas. “Comenzó la subasta de las patas de la Virgen” (Cachu-I).
PATATAS VIUDAS. f. pl. Comida (D-35).
PATIALBILLA. f. Jineta. “¿Qué quieres que hagamos con dos pieles de patialbilla?” (Cachu-II).
PATISOSA. adj. f. Se utiliza como insulto. “¡And´allá, patisosa!” (Cachu-II).
PAVILUSO. adj. Iluso, simple, inocente (Cachu-I).
PECES EN AJO A LA EXTREMEÑA. m. pl. Comida, variedad del ajo de peces, que se prepara con unos pececillos cocidos, a los que se añade un guiso o machacado de ajos, pimientos colorados, sal, aceite crudo, vinagre y una buena miga de pan (Cocina).
PEDERNÍO. adj. Empedernido. “Que puá sencandilarte co nalgún pedernío” (Cuentos, Cachu-II).
PEDITORIO. m. Rito de pedir la mano de la novia (Cuentos).
PELEGRINO. m. Peregrino (Fondo). DRAE: ant.
PELELE. m. En Villanueva de la Serena (Badajoz), nombre que dan los niños a la pelusilla desprendida de las alcachofas borriqueras. Mientras la soplaban, para hacerla volar, cantaban:
“Pelele, pelele,
tu madre te quiere;
tu padre también...
¡Arriba, arriba con él!” (Fondo)
PELEÑO. adj. Natural de la localidad pacense de Navalvillar de Pela (D-42, Cuentos).
PELILLERO. adj. Pelilloso, quisquilloso. “Era un hombre honrado a carta cabal, aunque algo pelillero” (Torres).
PELOTE. m. Borra de lana para rellenar los colchones (D-38).
PELLAS. f. pl. En Villanueva de la Serena (Badajoz), llamaban así antiguamente a las hogueras de la noche de san Juan (San Juan).
PELLICA. f. Piel (Cuentos). // 2. f. fam. Vida. “¿Qué hacer para salvar la pellica?” (Cuentos).
PELLIQUINA. f. Pellejina (D-36).
PERCANCEAR. v. Buscar, conseguir, encontrar. “Para regalarle con todas las exquisiteces alimenticias que podía percanceá para él” (Cuentos).
PERRERA. adj. f. Mala, pesada. “Músicas perreras” (Torres).
PERRUNILLA. f. Dulce (D-30, Cuentos). DRAE: And., Extr. y Sal.
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PESTIÑO DE BADAJOZ. m. Dulce de sartén, especie de torta aplastada, envuelta en azúcar o miel. Se preparan cociendo en un poco de agua sal, anís, cáscara de naranja, clavo y canela en rama, todo en abundancia. Se pone harina basta o rubia en un baño de aceite (para tres tazones de harina, un tazón de aceite) en la sartén, quitándole el gusto con una cáscara de naranja o un poco de pan mojado en vinagre. Cuando el aceite está hirviendo, se escalda con él la harina, moviéndola con un cucharón para que se mezcle; se agrega el agua cocida, colándola, y se amasa bien, añadiéndole unas cucharadas de aguardiente. Si hiciese falta sal fina, anís o canela molida, se le pone con un poco de clavillo en polvo, y se le agrega algo de vino blanco, amasándolo todo hasta que esté la pasta suave. Aparte se tiene una tapadera de cesta de mimbre, y se toman porciones de masa, que se trabajan con las manos, formando unas tortas aplastadas, que se colocan sobre la tapadera, apretándolas un poco para señalar bien los mimbres. Una vez hechos, se fríen en abundante aceite, envolviéndolos en azúcar al sacarlos de la sartén, siendo más clásicos enmielados. Para esto se cuece miel con agua, más o menos espesa la mezcla, según se desee; cuando el líquido está cociendo se van entrando en él los pestiños, uno por uno, se sacan enseguida y se van colocando en la fuente donde van a servirse (Cocina).
PESUÑO. adj. Tipo de perro que nace con seis dedos en una mano; tiene la virtud de que no se daña, aunque sea mordido por otro animal (Rabia).
PICIA. f. Error, pifia (Cuento inéd.).
PIE MOSCA. m. En Villanueva de la Serena (Badajoz), juego infantil (Cuentos).
PINGONÉS. m. ¿Pincho? “¡Saltársele (un ojo), anque sá co nun pingonés!” (Cuentos).
PIOJERA. f. Nido de piojos, lugar donde hay muchos piojos (Cachu-I).
PIPIRINOLA. f. Juego de la perinola o peonza. “Mientras yo juego a la pipirinola con su retoño” (Cachu-I).
PIRRI. adj. Se dice de los ojos.
“Tienes los ojitos pirris,
yenitos de telarañas” (Cuentos).
PITARRA. f. Tinaja para el vino (Cuentos).
PITERA. f. Señal que queda en la pared por el roce o por un golpe (D-32, 43). // 2. f. Descalabradura. “¡Recorcio...! ¡Qué pitera!” (Ara, Cuentos).
PITERÓN. m. aum. de pitera, señal que queda en la pared (D-32).
PITORIO. m. Rito de pedir la mano de la novia (Cuentos).
PONCHE. m. En Villanueva de la Serena (Badajoz), poncho, especie de manta de lana, entrelarga, que usaban los labradores echándosela por los hombros a modo de mantón, cubriéndose con ella principalmente de medio cuerpo arriba, o subiéndosela al cuello, como bufanda, para abrigarse dejando libres los brazos (Cuentos).
POSÍO. m. Terreno que no está cultivado (Ara).
PRIMAVERA. m. Tipo de cuadros, muy popular, en el que aparecían pintadas, entre enramadas y frondas, mujercitas coronadas de flores y con las mejillas vivamente coloreadas. “Había algunos de aquellos cuadros tan vistosos llamados primaveras” (Torres).
PUCHAS. f. pl. Gachas, puches (Cuento inéd., Fondo).
PUÑO. m. Puñetazo (Cuento inéd.).

R

RABEL. m. “Instrumento regional muy raro; especie de tosco violín formado con un largo tarugo hueco, cubierto de piel, de construcción primitiva y de ingenuos sonidos pastoriles” (Cachu-I).
RABOS GUISADOS. m. pl. Plato típico de Extremadura. Se asan, para quemarles la lana, unos rabos de borrego, que luego se lavan y cortan en pedazos. Después se ponen en una olla con sal, aceite, laurel, cebolla picada, ajos y unas ramas de perejil atadas con sus mismos tallos. Se dejan rehogar un poco a fuego suave, y se les agrega agua hasta que estén casi cocidos; entonces se les pone azafrán y pimienta negra machacados con una miga de pan, deshecho todo con una o dos cucharadas de vinagre. Los rabos guisados no suelen ser plato frecuente en otras regiones, como lo es en Extremadura, donde en primavera desraban a los corderos y venden sus colas por docenas (Cocina).
RAMORATA. f. En Villanueva de la Serena (Badajoz), aire fuerte y semihuracanado, torbellinos de aire (Cuentos).
RASPAJILÓN, DE. loc. adv. De refilón, al sesgo, de paso. “Y eso que el arado no la cogió na más que de raspajilón” (San Juan, Medic-II).
RASTRO, A. loc. adv. A rastras. “Eché la soga´arrastro” (Cachu-I).
RAYÓN. m. En Orellanita (Badajoz), tipo de higo, blanco y ligeramente rayado (San Juan).
REBIMBA, DE. loc. adv. De estampía, salir de repente (Cuentos).
REBUJÓN. m. Rebujo, envoltorio desordenado de ropas u otras cosas.
“Las moruchas del Fresnillo
son rebujones de ropa” (Cachu-I).
¡RECOILE! interj. que denota sorpresa o enfado, ¡recórcholis! (Cachu-I).
RECOLGUÍN. m. Objeto que cuelga, por ej., del cuello, de la mano, etc. (Ojo).
¡RECÓRCILE! interj. que denota sorpresa o enfado, ¡recórcholis! “¡Que mo s´escapan, re... córcile!” (Cachu-II).
RECORDERIS, DE. loc. adv. Extraordinario, enorme. “Una zurra de recorderis” (Cachu-I).
REFALAR. v. Resbalar. “Refaló e la banqueta” (Ara).
REFREGAERO. m. Acción y efecto de rozar, refregar. “Eso es del refregaero con las peñas” (Cachu-II).
REGILAR. v. No atreverse a realizar una acción. “Regila una e jacelo” (Cachu-II).
REJENDIJA. f. Rendija (Cuento inéd.).
REMORATA. f. En Villanueva de la Serena (Badajoz), aire fuerte y semihuracanado, torbellinos de aire (Cuentos).
REMPUJÓN. m. Empujón. “No le echara a rempujones de la gloria” (Cuentos).
REPÁPALO. m. Comida, a veces realizada con sobras, por ej., de garbanzos (D-32, 35). DRAE: And.
REPEGAR. v. Marcar con pez el ganado (D-38, 39).
REPELUCO. m. Acto de repelar, tirar del pelo. “¡Les daba así un repeluco a todos los románticos!” (Cachu-I).
REPEÓN. m. Peonza, peón, trompo (Cuento inéd., Fondo).
REPUNTEAR. v. Empezar a manifestarse un dolor. “El día anterior le repunteaba el dolor de un colmiyo picado” (Torres).
RETOLLETÚO. adj. Fuerte y sano. “¿No estaba e langelito gordo y retolletúo como un sapino?” (Cuentos).
¡RÍA, RÍA, BO! interj. Voz que se da a los animales cuando están arando (Cuento inéd.)
RODRIGÓN. m. Escolta, persona que acompañaba a las chicas al baile, a misa, etc. “No se les permitía salir de casa sin su rodrigón, nada más que a misa” (Torres).
ROMANZA. f. Romaza (D-30).
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ROSCÚO. adj. Se dice del borrego bueno y gordo (Navi-I).
ROSQUILLA DE RENA. f. pl. Variedad de rosquilla, típica de este pueblo pacense (Cachu-II).
ROSQUILLA SERRANA. f. Variedad de rosquilla. “Y las rosquillas serranas me salen tan duras también” (D-33, Cachu-I).
ROSQUILLA TONTA. f. Variedad de rosquillas. Ú m. en pl. (D-34).


S

SAMBENITO. m. En Villanueva de la Serena (Badajoz), mariquita. Los niños solían cantarles:
“Sambenito, bito, bito,
cuéntame los deditos;
si no me los cuentas
vete a Don Benito” (Cachu-I).
SANTULAJE. m. fam. Santoral (Cuentos).
SAYONA. f. Saya grande y negra. Ú. m. en pl. “Atándose desmañadamente el blanco delantal sobre las sayonas de coco negro y el jubón de percal encarnado” (Cachu-I).
SEISES. m. pl. En Fuentes de León (Badajoz), danzantes del día del Corpus (Danzas-II).
SENTÍOS. m. pl. Sienes (Cuentos).
SEÑORITANGO. m. despect. Señoritingo. “Me parece mejor partido que ese cerril señoritango del Fresnillo” (Cachu-I).
SERENA. f. Sirena (Fondo). DRAE: ant.
SIBERIANO. adj. Relativo a la comarca de la Siberia extremeña. “Tanto en La Serena como en los pueblos siberianos” (Medic-I, Cachu-I)).
SIMBÚSCALE. m. Especie de gusano gordo, como de hierba seca, parecido a la esponja, pero sin agujeros. Según la creencia popular, llevando uno en el bolsillo, no duelen las muelas nunca; pero, hay que encontrarlo sin buscarlo. “Trayendo siempre un simbúscale en la faldiquera, no duelen las muelas nunca” (Cuentos).
SIMPECADO. adj. Persona que reúne todas las cualidades. “¡Miren el simpecado!” (Cachu-I).
SOBEO. m. Acción y efecto de sobar, de dar un masaje a ciertos enfermos, con el fin de curarles (Cuento inéd.).
SOCOLAR. v. Cortar la lana alrededor de las ubres a las ovejas de ordeño (D-37).
SOCUELLO. m. Lugar resguardado del aire, resguardo. “Precurando el socuello e la era” (Ara).
SOL DEL MEMBRILLO. m. Sol de otoño. “La tardía otoñada dejaba caer en los polvorientos campos el sol del membrillo, pegajoso y dañino" (Cachu-I).
SOLIMADO. m. Sublimado (Fondo).
SONCÓN. m. Término despectivo. “Físicamente no está mal, aunque es un soncón de esos que las cogen a tientas y las matan cayando” (Torres).
SONSONICHE. m. Sonsonete. “En machacón sonsoniche” (Cachu-I, Cuentos).
SOÑARSE. prnl. Soñar. “¿Qué t´has soñao?” (Cachu-II, Torres).
SOPLAOR. m. Tubo de hierro que sirve para avivar el fuego. “La Colasa, de cuclillas, junto al fuego, soplaba en el soplaor” (Cachu-II, Navi-I).
SOPLILLO. m. Soplete, tubo de hierro que sirve para avivar el fuego. “Y, dándole rabiosamente al soplillo, levantó una nube de pavesa y ceniza” (Cachu-I, D-39).
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SOSERA. adj. Soso. “Este sosera” (Cachu-I).
SOTERRIZO. adj. Subterráneo. “Explorarían el corredor soterrizo” (Torres).


T

TABLERO. m. Tabla, pedazo de tierra. “Tableros de trigo” (Cuento inéd.).
TABLERO DE DAMAS. m. Tipo de colcha de lino, formada por grandes cuadros azules y blancos, que se tejía en los telares caseros (Torres).
TAMBORRÍOS. Topón. procedente de la contracción “entre ambos ríos”; lugar cercano a Villanueva de la Serena (Badajoz), entre los ríos Zújar y Guadiana (Cuentos).
TARABALLO. m. En Orellana la Vieja (Badajoz), especie de fantasmón; hombre que, en la fiesta de san Sebastián, se vestía, por promesa, con un traje blanco y se cubría la cabeza (Danza-I).
TARAMA. f. Leña menuda. “Tiburcio, que llegaba con unas taramas para la lumbre” (Cachu-II). DRAE: And. y Extr.
TARANTOSO. adj. Maravilloso, encantador (Cuentos).
TARÁNTULA. f. Araña de gran tamaño, de cuerpo ceniciento con pintas negras, rojas o verdes y el cuerpo grueso y velludo. Según la creencia popular esta araña lleva pintada una guitarra en la barriga, su mordedura es venenosa y sólo se puede expulsar el veneno a fuerza de baile y de tomas de una tisana hecha con cardo corredor (Medic-I).
TARRA. f. Tarro, recipiente de porcelana o vidrio. “Una tarra de leche” (Villarta).
TERICIA, TIRICIA. f. Ictericia. “Esta mañana le dieron los tres piojos vivos en un vaso d´agua, que tamién es güeno pa la tericia” (Cuentos). “¿No paece que este angelito tié la tiricia?” (Cuentos).
TIRANA. f. ¿Tipo de hierba picante? “Pos el tío Blas, el Corujo, con tiranas picantes se curó el mal del estógamo” (Cuentos).
TÉNGUELE ENTÉNGUELE. loc. adv. En tenguerengue, sin estabilidad. “Me jarreó un trompazo en la boca e lestógamo que me queó ténguele enténguele” (Cuentos).
TENGUELETEARSE. prnl. Mantener un equilibrio inestable, no tener estabilidad. “De tanto estudiar, está el pobre que se tengueletea” (Torres).
TERRERA. adj. Variedad de espuerta utilizada para recoger aceitunas (D-30).
TOPETÓN. m. Extremo superior de una cosa (Cuentos).
TORTA REAL DE ALBURQUERQUE. f. Dulce que se prepara machacando medio kilo de almendras con otro medio de azúcar; esta pasta se coloca en un baño y se trabaja mucho, echándole hasta ocho huevos, uno a uno, y trabajándolo siempre que se ponga alguno. Luego se bate con un tenedor, echándole, poco a poco, ocho o diez yemas, según esté la masa de seca, y se sigue batiendo, hasta dejarla como bizcocho. Aparte se tiene hecha una masa con medio kilo de harina, sobre la cual se echa media jícara de aceite hirviendo y se mueve bien para que se mezcle, añadiéndole después un huevo y la cantidad de agua necesaria para que la masa pueda trabajarse y extenderse. Con esta masa, muy delgada, se forra completamente un molde o cacerola, se extiende bien y se pone en ella la mezcla de almendras, cociéndola en el horno. Luego que toma color se cubre con un papel de barba, para que cueza sin quemarse, y cuando sale del horno se le da una capa de almíbar con un pincel, espolvoreando azúcar, canela y grageas. Si no se quiere cubrir el molde de masa, puede cubrirse de papel blanco engrasado (Cocina).
TRASTE. m. Trasto. Ú. m. en pl. “Debemos de pedirle los vecinos que nos pongan allí estos trastes de los palos" (Cuentos). DRAE: And. y Amér.
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TRIQUITRAQUE. m. Movimiento. “Acuesta al crío y no le descompongas el cuerpecito con tanto triquitraque” (Cachu-I).
TRISAGIO. m. Rezo, utilizado para ahuyentar las tormentas, en el que se repite tres veces la palabra “santo”.
“Dios, Uno, Trino, a quien tanto
arcángeles, querubines,
ángeles y serafines,
dicen: Santo, Santo, Santo...” (Cachu-II, Torres).
TRUÍ-TRUÍ. m. Onomatopeya con que se representa el grito del alcaraván. “Lanzando su musical truí-truí” (Cachu-I).
TUFÚA. adj. f. Tipo de gallina (Cuentos).


U

UVA DE LAGARTO. f. Planta o hierba. “Alzábase en él una cruz de granito cubierta de musgo, yedras silvestres y uvas de lagarto” (Torres).


V

VACA-MOZAS. f. En Montehermoso (Cáceres), por san Bartolomé, especie de fiesta en la que las chicas solteras torean un novillo (Danzas-II).
VARITA DE SAN JOSÉ. f. Gladiolo silvestre. “Largos ramos de gladiolos silvestres, como los que se crían en los sembrados, llamados por los niños varitas de san José” (Orellanita).
VEDUÑO. adj. Corto de vista. “Con to lo veduño y miserablón ques, cualisquiera le engaña” (Cuentos).
VENCIJÓN. m. Empujón. “De un vencijón echó abajo el templo de San Lomón” (Cuentos).
VENTANA. f. fam. Agujero en las bellotas y otros frutos secos (Navi-I).
VENTISTATE, AL. loc. adv. A la intemperie. “Ties ya guardaíta la cosecha en el doblao, mientras que yo la tengo durmiendo al ventistate” (Cuentos).
VERDUGÓN. m. Roncha, verdugo (Cuentos).
VILANO. m. Milano, pájaro (Cuento inéd., Fondo). DRAE: ant.
VISITA. f. Manteleta (Cuentos).
Y
YESCA. f. fig. y fam. Castigo, paliza. “Se había quedao co nuna gana d´atizarle yesca” (Cachu-II, Cuentos).


Z

ZACHAR. v. Cavar con el sacho, sachar. “A zachar a Las Suertes Chicas, que está la siembra comiíta e yerba (Cuentos, Fondo).
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ZACHO. m. Azadón pequeño. “Siguió retirando las (piedras) pequeñas con ayuda del zacho” (Cuentos, D-41).
ZAMBEAR. v. Poner las piernas zambas al bailar. “Zambearon sus pies en una especie de ridícula locura” (Cachu-II).
ZAMBEO. m. Movimiento producido al zambear las piernas (Cachu-II).
ZAMBOMBEAR. v. Cantar coplas navideñas, villancicos, etc., en reuniones de vecinos y familiares que se organizaban al amor de la lumbre, durante las fechas cercanas a la Navidad, en las comarcas de la Siberia y la Serena (San Juan).
ZAMBOMBEO. m. Acción y efecto de zambombear. “En sus calles y en sus casas (Villanueva de la Serena) repetíase, de allí en adelante (7 de diciembre), todas las noches, el zambombeo y los cánticos, hasta la de Navidad” (Navi-I).
ZANGALOTINO. m. Zangolotino, muchacho que aún no es mozo. “¡Vaya unos niños zangalotinos!” (Torres).
ZARPERA. f. ¿Brote, chupón? “Entre raíces y zarperas de álamos” (Cachu-I).
ZURRUNERO. m. En Serradilla (Cáceres), individuo que acompaña a la danza del cordón; lleva un zurrón a la espalda y porta el palo de las cintas para la danza (Danzas-II).

Texto Complementario

Al acercarnos a la obra de Isabel Gallardo, la primera figura femenina del folklore extremeño, surge cierta curiosidad por la afirmación que hace Bonifacio Gil en la Necrología de esta autora. Señala que doña Isabel tenía muy adelantados varios y extensos trabajos sobre folklore regional, y entre ellos cita, en primer lugar, el Vocabulario extremeño.

Sin embargo, recorriendo la obra de esta autora, tanto la publicada como la inédita, nada encontramos que sirva para corroborar esta afirmación de don Bonifacio.
Sólo el epistolario inédito de Isabel Gallardo nos permite aclarar el tema. Así, Antonio Rodríguez-Moñino, en carta dirigida a Isabel Gallardo, y fechada el 7 de febrero de 1940, señala: “Tiene usted mucha razón en lo que me dice sobre la inagotable cantera folklórica de Extremadura: el proyecto de hacer un vocabulario de la Serena me parece inmejorable. Ponga usted mano a él enseguida pues la experiencia ha demostrado que si las personas de veras conocedoras no hacen libros nos exponemos a que cualquier pedante advenedizo sin preparación ni cultura, de los que escriben de prestado, estropee el tema”.

Además, a Rodríguez-Moñino el hecho de que el vocabulario se circunscriba a la comarca de la Serena le parece muy bien: “Todos los detalles que me da usted sobre su colección me espolean el deseo de conocerla. Y tiene un interés extraordinario el hecho de que sea solamente de cuatro o cinco pueblos pues indica bien a las claras que ha apurado usted la investigación”.
Rodríguez-Moñino le informa incluso de su propio interés en el tema: “Yo tengo recogidas unas 1.000 papeletas que no me atrevo a publicar. Me haría falta una excursión para recoger de boca del pueblo muchas más y una lectura amplia de los escritores regionalistas contemporáneos (Reyes Huertas, Chamizo, etc.) para pensar en organizar algo”.
Durante ese mismo mes, y a vuelta de correo (carta de 27 de febrero de 1940), doña Isabel se apresura a contestarle que, por ahora, no tiene tiempo para dedicarse a fondo a este tema del Vocabulario: “Además, como no me puede ayudar nadie y materialmente he de hacérmelo yo, de ahí mis temores de que mis cortos años de vida no me permitan laborar por la tierra como yo quisiera. Por tanto, ¿quiere hacer ese vocabulario, del que tantas palabras tiene ya en su colección? Yo le mandaré todas las que pueda, pero sin orden ni concierto, y usted las baraja luego seleccionándolas debidamente ¿no? Con esta le envío unas cuartillas, con... poca cosa, extracto de parte de una sola hojita, sin explicación, cogida al azar. Mas, como me aterra el pensar aclarar todo lo que poseo en tal sentido, pues entonces tendría menos tiempo para lo demás; como también muchísimas de ellas no necesitan explicación, por ser más corrientes, si le parece, le enviaré lista de ellas, en veces, y sobre la que tenga necesidad de aclaración, se la doy luego y... en paz. ¿No le parece?”

Y a finales del mes de mayo de ese mismo año, vuelve a insistir la autora: “En mi contestación a su referida carta, 7 de febrero, le enviaba algunas palabras del vocabulario que colecciono, ofreciéndosele, por si usted deseaba hacerle antes y, si no, empezar a escribirle yo; no diciéndome aún qué piensa sobre esto”.
A lo largo de ese año, 1940, vuelve Rodríguez-Moñino a mencionar el tema del Vocabulario en un par de cartas: “Siga usted reuniendo palabras regionales y no tenga prisa
ninguna. Ya las veremos despacio” (10 de junio de 1940). “Ya sé que anda usted ordenando sus palabras extremeñas, según me han escrito de Badajoz; me alegraré infinito que se publiquen pronto y bien” (19 de septiembre de 1940).
Después, no vuelve a aparecer el tema en las cartas que se cruzan ambos escritores; pero doña Isabel no lo ha dejado, sino que todavía en 1949, un año antes de morir, sigue pensando en confeccionar un vocabulario extremeño, no sólo ya de la comarca de la Serena. Así se desprende del siguiente párrafo que corresponde a una carta fechada el 5 de febrero de 1949 y dirigida por la autora a su amigo y colaborador Bonifacio Gil: “También puede proceder, con más conocimiento que yo, a confeccionar el índice sinóptico de los vocablos que guardan relación simbólica con el folklore y mandérmele, no para satisfacer una curiosidad, sino porque, en esto del vocabulario extremeño, de tener tiempo y conociéndole tan a fondo, hubiera yo podido hacer algo mejor y más completo que lo publicado hasta el día. Lo digo sin jactancia, pues ya sabe usted que entre mis debilidades, no cuento la de la vanidad”.
En la cita parece evidente la crítica hacia el Vocabulario extremeño de Santos Coco, publicado en entregas entre 1940 y 1952. Más claro es en la crítica el propio Bonifacio Gil. Así, en una carta dirigida a doña Isabel, con fecha 7 de julio de 1941, señala: “El Sr. Santos Coco ha salido ya de Badajoz. Si no le dan la plaza que tiene solicitada en Madrid, tendrá que tomar posesión de la de Barcelona. Creo que está veraneando en Zamora, su tierra natal, de modo que sólo vendrá aquí para trasladar la casa. Su Vocabulario lo va publicando en la Revista del Centro. Cuando lo termine hará una separata. No sé por qué me figuro que va a ser muy incompleto. Una vez le pregunté si había recogido las palabras típicas que figuran en buen número en mi Cancionero. Me dijo que no. Por lo visto se ha molestado poco en la obra que ha emprendido”.
Desgraciadamente, aquí terminan las noticias sobre el Vocabulario extremeño de Isabel Gallardo, cuya preparación tuvo en mente nuestra autora durante muchos años. Bonifacio Gil señala que el trabajo lo tenía “muy adelantado”, pero esta afirmación puede referirse tanto a que doña Isabel hubiese comenzado a elaborar y ordenar el trabajo, como a que simplemente, y ya es mucho, contase con una gran cantidad de fichas, papeletas, listas de palabras, etc., reunidas a lo largo de su vida.

Si hubiera comenzado la elaboración del trabajo, es posible imaginar que habría seguido en parte los consejos, sobre organización de los materiales, que se permitió darle Antonio Rodríguez-Moñino, en carta del uno de enero de 1940:
“Yo, que tengo también algunas papeletas sobre folklore extremeño... he clasificado provisionalmente los materiales de la siguiente manera...
“Relaciones verbales. Dialectos fronterizos (Olivenza, San Jorge, Valencia, etc.). Alteraciones de la lengua nacional. Fonéticas. Morfológicas. Sintácticas. Vocabulario (con indicaciones geográficas). a) Palabras castellanas que no constan en Diccionario oficial. b) Idem que constan pero que tienen acepción diversa. c) Idem, que constan pero que en el lenguaje popular presentan alteraciones fundamentales.
“Estas notas las borrajeo de memoria pues de la mayor parte de mis papeles y apuntes sólo me queda el recuerdo del trabajo empleado”.
Sea de una forma u otra, no deja de ser una lástima que hayamos perdido el encomiable esfuerzo dedicado por una mujer, fina y sagaz observadora, hacia un tema tan importante para la cultura extremeña como es el habla popular. Por eso, pese a que nuestros esfuerzos por hallar materiales sobre el Vocabulario extremeño entre el fondo documental inédito de la
autora han sido infructuosos, no hemos querido dejar el tema, sino que lo hemos abordado de la única forma posible: la lectura de la obra, editada e inédita, de Isabel Gallardo.
Es evidente que nos encontramos ante la obra de una escritora regionalista. Isabel Gallardo, a lo largo de su obra, intenta plasmar la forma de vida del pueblo extremeño, especialmente en las comarcas de la Siberia y Serena, que ella conoció muy bien a través de su experiencia personal.
Este hecho es reconocido por la propia autora en varias ocasiones. Por ejemplo, en una “Introducción”, inédita, a sus Cuentos señala: “Pusimos especial empeño en rodear los casos contados, del propio ambiente del pueblo (real o imaginario) donde acaecieron o los suponemos acaecidos, cuando no tienen patria definida, y de su peculiar modo de hablar”.
En esa misma “Introducción” aclara lo que ella pretende reflejar en relación con el modo de hablar de los pueblos: “Respetar sus modismos al expresarse y hasta las peculiares interjecciones de cada lugar”.
En consecuencia, en algunas de sus obras acostumbra Isabel Gallardo a indicar, a través de notas a pie de página, bien algunas definiciones de palabras populares extremeñas, bien algunas indicaciones sobre los niveles socioculturales de las personas que usan determinadas palabras.
Así, por ejemplo, en un artículo sobre El culto de la Santa Cruz indica, en relación con la forma juracán lo siguiente: “¡Juracán, juracán!, pronuncian las gentes del campo en dicha población” (Villanueva de la Serena).
En la obra inédita sobre Etnografía de Orellanita, habla de “largos ramos de gladiolos silvestres, llamados por los niños varitas de san José”.
Un ejemplo más: en la novela inédita Torres muy altas, al describir a un personaje, señala: “Don Luciano seguía expresándose con fácil palabra, mezclando en la conversación giros de la tierra, a los que no es posible substraerse cuando se nace y vive en contacto con las gentes aldeanas”.
Y un último ejemplo: en una carta de 1929, al tratar de su novela Cachúmbala, que se publicará dos años después, señala que el desarrollo de dicha novela lo realiza “escuchando sus giros netamente extremeños (los de la región siberiana)”; es decir, recogiendo el habla popular de esa comarca.
Así pues, partiendo de que Isabel Gallardo pretendió reflejar en la mayor parte de sus obras el habla y las costumbres extremeñas, hemos entresacado de las mismas todo el material relacionado con el habla extremeña, de modo especial el vocabulario, con el fin de realizar una aportación a los estudios de dialectología extremeña, y también de satisfacer nuestra curiosidad y la de nuestro amigo Manuel Vieira da Cruz, biznieto de doña Isabel Gallardo.
Hemos seguido un criterio habitual, y más objetivo, para decidir qué palabras deberíamos incluir en este Vocabulario, criterio basado principalmente en que dicha palabra no estuviera registrada con la misma acepción en el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 21ª edic., 1992).
Después de cada palabra, indicamos, con las mismas abreviaturas utilizadas por dicho Diccionario, a qué parte de la oración pertenece; y, tras la definición, detallamos entre paréntesis y de forma abreviada la obra u obras de Isabel Gallardo donde se ha documentado dicha palabra. En ocasiones, para su mejor comprensión, se anota también la frase o párrafo donde aparece dicha palabra.
Para nosotros, la obra de Isabel Gallardo tiene una serie de valores añadidos, tal y como lo refleja un joven Rodríguez-Moñino, en carta de 21 de octubre de 1933, tras la lectura de
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Cachúmbala: “Porque su libro tiene para mí, además del valor literario y estético, otro de mayor quilatación: el regional. Es usted de las pocas personas en quienes el sentimiento extremeño (¡no esa fea palabra de extremeñista inventada por periodistas hueros!) se manifiesta pleno y potente: laborando y huyendo de esa especie de fluidez lírica inconsistente, capa de vacío intelectual con que algunos de nuestros paisanos han logrado hacer resaltar su figura... por poco tiempo.
“Ahora más que nunca es necesario que los extremeños destaquemos nuestra propia, castiza y vigorosa personalidad literaria y hagamos valer los derechos de nuestro glorioso pasado. La época de las apologías sentimentales pasó; ha pasado ya el apasionamiento superficial y campanudo. Pero nos queda la obligación, a los que de veras sentimos y amamos nuestra tierra, a los que a fuerza de vigilias hemos podido alcanzar algo de lo que Extremadura fue, de laborar sólidamente en pro de una reconstrucción regional. Y esta reconstrucción ha de ser hecha a base de estudio y de libros: ahondando cada uno en su especialidad y presentando sin velos ni cendales que enturbien su diafanidad, toda la maravillosa esencia de nuestro pretérito, casi perdido: estudiemos nuestro pasado porque sólo este nos dará la medida de lo que podremos ser en un futuro más o menos próximo pero cierto.
“En fin, señora, que la llegada de su libro ha hecho vibrar en mí ¡cómo no! la cuerda regional...”

I.1.- APUNTES BIOGRÁFICOS

Aunque Isabel Gallardo nació, en 1879, en Orellanita (Badajoz), muy pronto se trasladó a vivir a Villanueva de la Serena. Allí, la necesidad de ayudar a su padre en la contabilidad de la empresa familiar, unaa fábrica de jabones, fue un obstáculo para que Isabel pudiese estudiar.
A los treinta años contrajo matrimonio con el abogado villanovense Arturo Álvarez, y unos años después, ya nacida su única hija, el matrimonio se trasladó a vivir a la capital pacense. Allí murió doña Isabel en 1950.
A pesar de que sabemos que Isabel ya en su juventud gustaba de escribir, especialmente versos, es en su madurez cuando decide lanzarse a la palestra literaria. Aparte de diversos artículos en periódicos y revistas de la época, entre sus obras más importantes hemos de citar La Cocina (1922), Cachúmbala (1931), Cuentos de la abuelita (1947) y Nuestra Señora de Fatima (1948).
Mención especial merecen los diez artículos sobre folklore extremeño publicados en la Revista de Estudios Extremeños entre 1942 y 1950, así como otro artículo póstumo en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares (1957).
Señalemos también que no menos importante es la colaboración que prestó a Bonifacio Gil, especialmente en la obra inédita Juegos y cantos infantiles de Extremadura. Otras obras inéditas de la autora fueron Representaciones religiosas de Extremadura, Etnografía de la Serena, Torres muy altas (novela), Cuentos populares, etc.
En 1994, del centenar de cuentos escritos por doña Isabel, y que habían llegado hasta nosotros inéditos, publicamos una selección con el título de Cuentos de Resolana.
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I.2.- ISABEL GALLARDO Y EL DIALECTO EXTREMEÑO

El 5 de abril de 1930, en una carta dirigida al editor Antonio Arqueros, deja doña Isabel correr la pluma y se extiende en un interesante comentario sobre el habla extremeña y su variedad. La cita es extensa, pero la traemos aquí completa por ser, además, la única vez que la autora trata este tema. En estas fechas, doña Isabel tiene ya más de cincuenta años, pero apenas ha publicado un libro de cocina; no tiene, además, más estudios de Lingüística ni de Fonética que los adquiridos de forma autodidacta. Sus impresiones sobre el habla extremeña hemos de entenderlas, pues, basadas en su propia experiencia:
“Según los lugares del sucedido, he de procurar armonizar la acción con la fonética, como es natural. El habla extremeña, propiamente dicha, es muy varia: imposible de concretarse en reglas gramaticales, de un modo absoluto, para formar un ordenado dialecto regional perfectamente determinado; pues su fonética, sus giros y modismos cambian notablemente de comarca en comarca y hasta de pueblo en pueblo. No digamos sus tonillos o acento más o menos musical, que distinguen a cada ciudad, a cada villa y hasta a cada aldea.
“Por ejemplo, aun dentro de la misma Serena tenemos, formando un pintoresco contrasentido fonético, la reciedumbre de la jota, que en Villanueva se pronuncia con toda su fuerza, no sólo en su lugar propio sino en el de la hache, que la hacen sonar como jota: El que no diga jilo, jacha y jiguera, no es de mi tierra -afirman los serenos villlanovenses-, mientras los de Campanario, que pronuncian las eses con toda la pureza de Castilla, se ríen de los de Villanueva de la Serena porque dicen ende las jocho a las jonce van tre jora como tre jaño; y, para remedarlos, aspiran las haches, añadiendo: “en vez de decir desde las ocho a las once van tres horas como tres años”. Y silban las eses finales para que el contraste de su habla, perfectamente castellana fuera de algunas insignificancias que no hacen al caso, sea más pronunciado con el lenguaje de Villanueva.
“También en la Siberia, por no ir más lejos el habla de Orellana la Vieja, donde se prodigan las erres, sobre todo entre los viejos, diciendo por ejemplo: Brastián, cardero, tela branca, etc., es completamente distinta su fonética a la de Puebla de Alcocer o Castilblanco.
“Mas, dejemos esto: la fonética y la filología extremeñas son muy difíciles de captar, y hace falta haber vivido, más que vivir ahora, en los pueblos, para hacerse cargo de sus cosas. Yo no pretendo conocerlas en total, ni siquiera en una pequeña parte. Hacía falta para ello conocer universalmente las dos Extremaduras, alta y baja, no menos distintas entre sí que sus pueblos, los unos con los otros. Pero, aun conociendo tan poquísimo como conozco de estas cosas, después de haber vivido intensamente varios de sus ambientes, ¿cómo conocerlas quienes no hayan salido nunca de su aldea, su villa o su capital de provincia?
“Bueno, pasemos a otra cosa; no está en mis propósitos alardear ahora de extremeñismo; se me fue la imaginación por los cerros de Úbeda y le ruego que me perdone por hacerle perder el tiempo”.
En otra ocasión, en la novela inédita Torres muy altas, al describir a un personaje, nos deja su percepción del habla extremeña en la Baja Extremadura, al indicar sobre dicho protagonista: “Y su cachazuda voz tenía cierta cadencia cantarina, muy distinta del dejo semiandaluz, semiextremeño y pseudo-portugués de los pacenses”.



I.2.1.- FONÉTICA Y FONOLOGÍA


El sistema vocálico del habla extremeña utilizada en la obra de Isabel Gallardo mantiene las cinco vocales del español. Las particularidades que hallamos en dicho sistema vocálico son básicamente vulgarismos y, en menor medida, arcaísmos, leonesismos y meridionalismos.
Aparece en numerosas ocasiones la prótesis del fonema vocálico /a/: ajurar (jurar), alevantar, aluego, allegar, apresentar, asoplar, atirar, atorear, arregolver (revolver), arregüeltas, arreniegues, arrepará, arretorcer, arreventar.
No faltan ejemplos del fenómeno contrario, la aféresis, en algunos nombres propios como Polonio (Apolonio) y Tanasia (Atanasia). En la palabra rempujar se produce la aféresis sobre la forma vulgar arrempujar. Incluso aparece algún caso de síncopa, como en Rimundo (Raimundo).
Hay asimilación en aspacio (despacio); pero, como es lógico, no aparecen muchos casos de inestabilidad en este fonema: pirroquia (parroquia), camomile (camomila).
Este fonema vocálico, como los demás, sufre numerosas apócopes y contracciones debidas a fonética sintáctica: an ca (en casa), pacá, parriba, payá...
Sí presenta una mayor inestabilidad el fonema vocálico /e/. Las vacilaciones son debidas a diversos fenómenos:
a) Asimilación: asperar (esperar), asperezarse (desperezarse), calandario, catacismo, aspacito, alifanti, tiricia (ictericia), pitirrojo, icir (decir), indiciones, lición.
b) Disimilación: cimenterio, disprecio, tiniendo, trairé (traeré), dispertar, intierro, simentera, cualisquier, istierco.
c) Aféresis: Luterio (Eleuterio), Ciquiela (Ecequiela), Guardo (Eduardo).
d) Síncopa: exprimentar, cualisquiá (cualesquiera), vía (veía), quio (quiero), cro (creo), cri (creí), sa (sea), tenís (tenéis), habís visto (habéis), vis (veis), querís (queréis), etc.
Dentro de la inestabilidad, la solución más habitual es la confusión con el fonema /i/: siñorita, rial, siñó (señor), tinao (tenada), Grigorio, Lionor, Tiodoro. En una ocasión aparece el cambio hacia el fonema consonántico /d/: doldrá (dolerá).
El cambio de este fonema vocálico /e/ en situación final por el fonema vocálico /i/ sólo aparece en dos casos (estati quieta, alifanti), que hemos de considerar simples vulgarismos, sin relación con este rasgo dialectal conservado en zonas del norte de Extremadura.
La inestabilidad se muestra también, en el caso de las vocales pretónicas, por la aparición de dobles realizaciones para una misma palabra: chiquenino, chiquinino.
Las soluciones que presenta el fonema vocálico /i/, debido a su inestabilidad, son las siguientes:
a) Disimilación: melitá, creminá, prencipá, prencipio, chiquenina, ceviles, Cerilo (Cirilo), contrebución, meniatura, tericia (ictericia), vesitar, eletrecidá, Trenidá (Trinidad).
b) Asimilación: serena (sirena), geraneo (geranio), menutero.
c) Aféresis: Pólito (Hipólito), Sidoro (Isidoro). A veces la aféresis alcanza a toda la sílaba inicial: tericia (ictericia).
d) Síncopa: acetuna, Catalna (Catalina), Donisia (Dionisia).
e) Apócope: mu (muy). En paralís (parálisis), la pérdida no sólo alcanza también a la consonante final sino que provoca un cambio acentual.
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Dentro de la inestabilidad, la solución más habitual es la confusión de este fonema vocálico /i/ con el fonema /e/: nengún, nenguno, centura, defuntos, cerujana, Créspulo (Críspulo), deputao. En el caso de mesmo se conserva, sin cerrarse la vocal, la forma antigua.
Como rasgo del habla extremeña se ha señalado el leonesismo de la epéntesis o inserción de una yod, de una vocal, en la terminación de algunas palabras; jeringoncia (jeringonza), deliriar, lamiar (lamer), jiciá (quizá).
El fonema vocálico /o/ presenta menor inestabilidad:
a) Asimilación a otra vocal: decumento, murimundo.
b) Disimilación: precurando, semos.
c) Aféresis: bispo (obispo).
d) Síncopa: estí (estoy), vi (voy).
e) Cierre hacia el fonema /u/: jugueras (hogueras).
f) Por el contrario, se abre en el adverbio ande (donde).
g) Otras: cuanti, cuantis, contri más (cuanto), vocables (vocablos).
Respecto al fonema vocálico /u/, aparte de alguna síncopa como en fistes (fuistes), lo más frecuente es que la vacilación vocálica produzca su abertura hacia el fonema /o/: esporriar (espurrear), sepoltura, mocipal (municipal), solimado (sublimado) condío (cundido).
La inestabilidad vocálica afecta también a los diptongos, que se ven alterados algunas veces, adoptando diversas soluciones, en la mayoría de los casos vulgarismos.
Así, es habitual la reducción del diptongo, simplificado en uno de sus elementos: acetuna, ventidós, anque (aunque), atomovi, Ugenio, Ulogia, Usebio, Ufrasia. Esta reducción a veces se debe a una disimilación: incomenencia, comenencia, pacencia, nacencia, concencia; o a una metátesis vocálica: cudiao. En el caso de pos, po (pues) nos encontramos con la falta de diptongación, lo cual apenas si constituye un rasgo dialectal, ya que es muy utilizado en el español vulgar. También falta la diptongación en mostruario, por un cruce de palabras entre “muestrario” y “mostrador”.
Por el contrario, también hallamos palabras derivadas que mantienen el diptongo de la simple: enmielados, mielero. Otras diptongaciones, debidas a analogías, arcaísmos o a simples vulgarismos son las siguientes: depriesa, priesa, apriesa, entriega, entriegue, dijiera, niervos, cuasi, cuidiao, cuidio (cuidado).
Aparece con cierta regularidad el diptongo ai en la terminación del imperativo, dentro de la secuencia imperativo más pronombre enclítico: daile (darle), cayaise (callarse), esperaime, vaite, mirai, haceilos (hacerlos), sujetaime.
En el caso de nadie (naide) ha sido la metátesis vocálica la que ha producido el nuevo diptongo.
De modo semejante al sistema vocálico, también el sistema consonántico del habla extremeña utilizada por Isabel Gallardo difiere poco del español. Las particularidades que hallamos en dicho sistema vocálico son básicamente vulgarismos y, en menor medida, arcaísmos, leonesismos y meridionalismos.
Sin duda, el rasgo más destacado en el habla extremeña es la aspiración de la /h/ procedente de /f/ inicial latina. El mantenimiento de este rasgo se atribuye bien a un leonesismo bien a un arcaísmo del español. Como ya hemos señalado, en una carta a Antonio
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Arqueros, comenta Isabel Gallardo este rasgo al referirse a “la reciedumbre de la jota, que en Villanueva se pronuncia con toda su fuerza, no sólo en su lugar propio sino en el de la hache, que la hacen sonar como jota: El que no diga jilo, jacha y jiguera, no es de mi tierra -afirman los serenos villanovenses-”.
Los ejemplos de esta aspiración son numerosos en la obra de doña Isabel: jaba, jabado (habado), jacer -y sus numerosas variantes: jacé, jizo (hizo), jati cuenta (hazte cuenta), jaré (haré), jiciá (hiciera), jiciera, jagamos, jagas, jacemos, jecha (hecha), jecho (hecho)-, jacia (hacia), jalda, la jambre, jaragán, jarmientos, jartera, jarto, jartar, jasta (hasta), jato (hato), jayasgo (hallazgo), jembra, jería (herida), jerramienta, jerraúras, jiede, jiel, jierro, jigo, jiguera, jilar, jilo, jincar, Ginojal (Hinojal), jocicos, jocino, jonda, Cañajonda (Cañada honda), jondear, jorca, jormiguina, jorno, juera (fuera), juía (huía), juye, juyendo, juío (huido), jugueras (hogueras) jumar, jumo, jumero, jundir, juracán, jurraca.
También abundan los ejemplos de aspiración en interior de palabra: ajitar (ahitar), ajito (ahíto), ajogar, ajogaero, ajogaízos (ahogadizo, tipo de ciruelo), ajogo (ahogo), desajogo, ajorcar, ajorrar, azajares, cojetes (cohetes), dejesa, jesa (dehesa), sabijondo, zajones.
La aspiración es tan marcada que, en alguna ocasión, provoca el cambio hacia otra consonante; es el caso de runde, que alterna con junde (hunde). También, como vulgarismo, hallamos el paso hacia la aspiración de otras consonantes: jate cuenta (date), jiciá (quizá), jarmientos (sarmientos).
La aspiración alcanza también en extremeño a otras consonantes en situación implosiva, especialmente a la /s/, /z/ y /d/; pero, la escritura apenas permite desvelar este rasgo, como veremos más adelante.
En cuanto a los demás fonemas consonánticos, señalaremos a continuación algunas peculiaridades.
El fonema /b/, por ejemplo, desaparece por aféresis en amos (vamos), y por síncopa en tamién, caeza, Caeza el Güey. Por el contrario aparece protética en borujo (orujo).
Debido a sus equivalencias fónicas surgen a veces vacilaciones de los sonidos consonánticos. En el caso del fonema /b/ hallamos un par de casos en que se confunde con el fonema consonántico /m/ (muñuelos, murimundo, Monifacio) y numerosos casos en que se confunde con el fonema /g/: güen (buen), güeno, Nochegüena, güey, güelve (vuelve), agüelo, gofetás, golver, golvé, golvió, güeltas, arregüeltas, jugón (jubón).
El fonema /d/ presenta numerosos cambios respecto al español normativo. Enumeramos los más importantes:
a) Aféresis: aspacito, esatar, eslomaúra, esgracias, esconcertá, espelotar, esgosnaíto (desgoznar), espanzurrar (despanzurrar), escalabraúra, esatino, escalabrar, escuadernaíto (desencuadernado), esempeñar, esfaratar, eslomaúra, esnuncar, esollar, esperezarse, estapar, esarropá, é (dé), el (del), elante, enantes, entellás (dentelladas), icir (decir), ice (dice), onde (donde). Esta aféresis se debe en ocasiones a la atracción, y consiguiente confusión con el prefijo ex-, es-.
b) Apócope: salú (salud), certeniá, usté, virtú.
c) Pérdida del fonema en posición intervocálica. Es, sin duda, el rasgo fonético más habitual y repetido en todas las hablas españolas. Una vez perdida la consonante, los vocales puestas en contacto pueden simplificarse: delgao, servío, olviaba, toná (tonada), mo (modo), puen (pueden), na (nada), ustés, asaúra, añuó (añudó), ca (cada), demuación, Gualupe (Guadalupe), to, pitorio (peditorio). Otras consonantes sufren también un proceso parecido:
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pa (para), tie (tiene), ca (casa). En alreores hay una doble pérdida de la consonante dental, y en alantre (adelante) se pierde toda la sílaba.
d) Prótesis: desigencia, desaminar, digiene (higiene), dir.
e) Metátesis: pader (pared), dío (ido).
f) Epéntesis en el futuro imperfecto de indicativo: quedrá (querrá), quedramos.
g) Cambio a /l/: alvierte (advierte), melecina.
h) Cambio a /r/ en la segunda persona del plural del imperativo: venir (venid).
i) Cambio de -di-, por influjo de la yod, a /y/: presiyo (presidio), presiyarios.
El fonema consonántico /f/ presenta algunas confusiones, por equivalencia acústica, con otros fonemas: cebrero (febrero), pantasma, escrópulas (escrófulas), picia (pifia), peligreses.
La consonante /g/ desaparece por aféresis en loria (gloria) y por síncopa en ilesia (iglesia).
Se da algún caso de vacilación del sonido consonántico; así, por equivalencia acústica, pasa a /b/ en abuja, abujero.
El diptongo ue suele desarrollar esta consonante protética: güele, vigüela (vihuela), güerta, güevos, güelan (huelan). También aparece esta consonante protética en goler (oler), por analogía verbal con las formas güelo, güeles, etc.
Por metátesis consonántica aparece la forma vulgar estógamo; y por confusión entre “cigarra” y “chicharra” surge el término chigarra (chicharra), con un curioso paso de la consonante palatal a la velar, quizá por disimilación.
El fonema consonántico /j/ desaparece por síncopa en el nombre propio Aleandra.
Las grafías no nos permiten conocer la pronunciación de esta consonante, seguramente aspirada, lo que nos confirma Isabel Gallardo en una carta de 1930 dirigida a Antonio Arqueros, y anteriormente citada: “Por ejemplo, aun dentro de la misma Serena tenemos, formando un pintoresco contrasentido fonético, la reciedumbre de la jota, que en Villanueva se pronuncia con toda su fuerza, no sólo en su lugar propio sino en el de la hache, que la hacen sonar como jota: El que no diga jilo, jacha y jiguera, no es de mi tierra”.
El fonema consonántico /k/ se confunda con /g/ en garraspera, garraspeando, por equivalencia acústica. Además, presenta una forma vulgar jicias (quizás).
El fonema consonántico /l/ desaparece en posición final en creminá, prencipá; pero, por el contrario, aparece en sofal (sofá) y, por confusión, en almoradul (almoradux, almoraduj) .
Por confusión y analogía con el artículo árabe al, conservado en muchos vocablos, aparece epentética esta consonante en alvellanas, Algarrobiya (Garrovilla), Alcaravaca (Caravaca).
Es habitual, en la distensión silábica, que esta consonante se neutralice con la vibrante simple /r/: surfures, suertes (sueltes), insurtos, comurgao. Estas dos consonantes suelen también presentar algunos cambios de posición en la palabra, por metátesis: bulrescón (burlescón), bulretas, birlongueo, bilrongueo (birlonga), pelrética (perlética). A veces, la metátesis consonántica tiene lugar con el fonema /n/: conolia, Petrolina (Petronila).
El fonema consonántico /m/ se confunde, por equivalencia acústica con /b/: buñecos, bimbre.
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En trompezar (tropezar), aparece esta consonante epentética, quizá por un cruce de palabras con el verbo “trompicar”.
Respecto al fonema /n/ señalemos que algunas palabras terminadas en /i/ tónica, generan esta consonante de forma paragógica: pirulines (pirulí), asín, asina, jabalín. También en alguna palabra terminada en /o/: rebujón (rebujo).
También aparece la consonante, por epéntesis, en esnuncar (desnucar), romanzas (romazas), Santurnina. Por el contrario, desaparece esta consonante en tiés (tienes), temos (tenemos).
Quizá se deba a metátesis, además de aféresis silábica, el cambio que se produce en el nombre propio Meregilda (Hermenegilda).
El fonema vibrante /r/ es el más influido por las metátesis: adrento, drento, premítalo, presonas, probe, probreza, trempano, ofretorio, cabresto (cabestro), pedricar, presinarte, bulretas, pader (pared).
Es habitual también que desaparezca esta consonante en situación intervocálica, a veces con la consiguiente contracción de las vocales puestas en contacto: pace, paece (parece), quie, pa, mia (mira), siquiá (siquiera), fua (fuera).
Suele desaparecer también esta consonante en situación final de palabra: siñó, señó, (señor), mujé, resollá, ve (ver), jincá, olivá, tené, ará, caló, menesté. En el caso de los infinitivos, desaparece incluso cuando lleva un pronombre enclítico: jacelo (hacerlo), labrale, sualo, enterase, morise, velos, barruntalos. En cambio, en la segunda persona del plural del imperativo, tras la evolución vulgar de la consonante final /d/ a /r/ hay otro cambio de esta consonante hacia el fonema vocálico /i/, generalmente cuando va acompañado de un pronombre enclítico: mirai, esperaime (esperadme, esperarme), cayaise, vaite, mirai, haceilos, sujetaime.
Aparece esta consonante epentética en delantre, prestiños, alantre, faralares (faralaes), Celestrino, cuantri.
Por el contrario desaparece sincopada en faldiquera (faltriquera), quizá producto de la etimología popular que lleva a unir esta palabra con “falda”.
Como señalamos anteriormente, es habitual, en la distensión silábica, que esta consonante se neutralice con la lateral /l/: goldo (gordo), rollal (rollar), cloquetas (croquetas), reflán, pelegrino. Este hecho es sistemático en la transcripción que Isabel Gallardo hace del lenguaje infantil: echal, glacioso, abujelito.
La propia autora en carta fechada el 5 de abril de 1930, y dirigida al editor Antonio Arqueros, nos deja un interesante comentario sobre esta consonante: “También en la Siberia, por no ir más lejos el habla de Orellana la Vieja, donde se prodigan las erres, sobre todo entre los viejos, diciendo por ejemplo: Brastián, cardero, tela branca, etc., es completamente distinta su fonética a la de Puebla de Alcocer o Castilblanco”.
La vibrante múltiple desaparece y pasa a formar un grupo consonántico en pantorniya (pantorrilla). Sin embargo, el cambio contrario aparece en carrestoliendas (carnestoliendas).
Respecto al fonema /s/, es lógico pensar en su aspiración en situación implosiva, aunque las grafías no lo confirmen. Es de nuevo en la mencionada carta de 1930, a Antonio Arqueros, donde Isabel Gallardo nos confirma esta aspiración al referirnos la siguiente anécdota sobre la propia percepción de los hablantes de Campanario: “Los de Campanario, que pronuncian las eses con toda la pureza de Castilla, se ríen de los de Villanueva de la Serena porque dicen
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ende las jocho a las jonce van tre jora como tre jaño; y, para remedarlos, aspiran las haches, añadiendo: “en vez de decir desde las ocho a las once van tres horas como tres años”. Y silban las eses finales para que el contraste de su habla, perfectamente castellana fuera de algunas insignificancias que no hacen al caso, sea más pronunciado con el lenguaje de Villanueva”.
Esta anécdota nos aclara no sólo la aspiración de la consonante en situación implosiva, sino su influjo sobre la palabra siguiente. Así, de “las ocho”, por la aspiración, se pasa, siguiendo la grafía de la autora, a laj ocho y, por fonética sintáctica, a la jocho. También nos demuestra la anécdota el especial islote lingüístico que forma esta población pacense de Campanario.
La aspiración de esta consonante en situación implosiva provoca algunos cambios en la consonante siguiente, generalmente el ensordecimiento: refaló, (resbaló), esfaratar (desbaratar).
En un par de ocasiones, la aspiración de esta consonante en posición final llega a provocar su pérdida absoluta: Dio (Dios), cristale (cristales).
Esta consonante aparece siempre en la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple, del tipo atastes (ataste).
En la palabra zachar (sachar) se produce el paso de esta consonante a /z/, quizá a partir de una falsa etimología popular que ha mezclado las palabras “sacho” y “azada”.
Son abundantes los casos en que aparece esta vocal al comienzo de palabra, debido al falso análisis del artículo y nombre en plural, del tipo los sojos (los ojos). En algún caso esta aféresis aparece ya lexicalizada: senaguas (enaguas).
Es abundante el yeísmo (yevar, cayaise, ayí, peyisco, jayasgo...) en diversos cuentos y otras obras de Isabel Gallardo; pero, la dificultad de situar la localización de estas obras nos impide ser demasiado precisos en este punto. Parece mantenerse la distinción, por ejemplo, en Navalvillar de Pela y en Orellanita, según se desprende de los cuentos El Telégrafo y La Marica y la Matea, respectivamente; pero lo más habitual es la confusión de ambos sonidos como ocurre en Calamonte (cuento El muleto), Don Álvaro (El duende), La Haba (El curita), Magacela (El aponderaó), San Pedro de Mérida (El testamento), Trujillanos (El duende) y Villanueva de la Serena (El aparecido).
El fonema interdental /z/ presenta un cambio hacia /s/ en situación final de sílaba y de palabra, lo que debe ser indicio de su aspiración: crus, ves, dies, perdís, capás, lesna, tontusia (tontucia), Sújar, Badajós, infelís, almirés, esceomo (eccehomo), gaspacho.
También presenta alguna metátesis como nesecitar, una aféresis en la palabra zobispo (obispo) y un cambio hacia la vocal /i/ en caraite (carácter).
Respecto a los grupos consonánticos, podemos señalar algunas peculiaridades:
a) Reducciones: meza (mezca), creza (crezca)..., Egito (Egipto), refaló (resbaló), eletrecidá, tericia (ictericia), tamién (también), Madalena, istante, osequiar, Conceción. La reducción del sufijo -azgo a -ajo en noviajo se ha lexicalizado.
b) Cambios a otro grupo: colurnia (columna), ende (desde), esfaratar (desbaratar), lusca (luzca), torresno (torrezno), gaspacho (gazpacho).
c) Metátesis: pelrática (perlática), bulretas (burletas).
d) El grupo –mb- se conserva en carambelo.
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Isabel Gallardo, para acentuar gráficamente el habla popular recurre principalmente a la fonética sintáctica, es decir, a los efectos que produce una palabra sobre los sonidos de la palabra siguiente.
Así, por ejemplo, son abundantes los falsos análisis de artículo y nombre en plural: los sojo (los ojos), lo sotros, la sovejas.
También suelen producirse contracciones entre la vocal final de la preposición y la vocal inicial de la palabra siguiente: pacá, parriba, payá.
Es frecuente la contracción también de la vocal final de una palabra y la vocal inicial de la palabra siguiente. Este tipo de contracciones es de uso corriente en español: t´alcanzan, m´alegraré, s´emporcó, si es qu´a ´sté (si es que a usted), misté (mire usted).
Acostumbra en ocasiones la autora a unir la consonante final de una palabra con la palabra siguiente, del tipo: e lalma (el alma), cansá ra (cansar a), anti santié, los pié sencogíos, como güelva sa cantá.
Todas estas contracciones, reducciones y falsos análisis, provocados por la fonética sintáctica, provocan ejemplos como los siguientes: en ca, an ca (en casa de), castiyo del Ángel (castillo de Alange), juntra (junto a), santolio (santo óleo), Tamborríos (entre ambos ríos), etc.
También la fonética sintáctica es la causante de las conocidas formas: velaí, velaquíle, formadas a partir del imperativo del verbo ver, un pronombre personal átono, un adverbio de lugar y, a veces, otro pronombre personal (ve-le-aquí-le). Más que formas de imperativo se trata en muchos casos de rictus lingüísticos que se engloban dentro de la función fática del lenguaje, con un significado semejante a: ¡fíjate!, ¡qué sé yo!, etc.

I.2.2.- MORFOSINTAXIS

El artículo neutro “lo” sustantiva a adjetivos: lo bueno (el viático).
Por fonética sintáctica suele producirse la contracción de la vocal inicial del artículo singular masculino con la vocal final de la preposición que le antecede: pal, contral (contra el).
Aunque Isabel Gallardo señala que los habitantes de La Haba, población cercana a Villanueva de la Serena, denominan así a su pueblo, ella suele escribir preferentemente El Haba, tal y como debería ser en español si no hubiese aspiración de la f- inicial latina. Por el contrario sí recoge términos como la jambre (el hambre).
Se usa sistemáticamente el artículo ante nombre propio de mujer: la Calderona, la Anitilla, la Pepa, las Cánovas, las Bardají. En alguna ocasión, también ante nombre propio de hombre: el Juaniquín.
Aparece algún caso de nombre de río sin artículo: arrimarmos a Guadiana.
El artículo antepuesto a un adjetivo posesivo sólo aparece en algunos romances recogidos por doña Isabel: la mi mujer, los mis amores, la mi coneja, la mía choza, los míos dientes, la mi capiya.
Algunas palabras que en español presentan un género determinado, en el habla extremeña que recoge nuestra autora aparecen con distinto género: madroña (madroño), una anochecido, morra (morro), morilla (morillo), escarbadera (escarbadero), cacharra
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(cacharro), mancho (mancha), gamonito (gamonita), liaro (liara), tinao (tenada). En el cuento ¡Angelitos al cielo! aparece una vez quinino (quinina).
Una palabra como “tizne”, que es de género ambiguo, es utilizada por la autora como femenina: la tizne.
En cuanto al número hemos de señalar algún plural vulgar como cafesis y la pérdida de la -s final en cristale (cristales).
En el apartado anterior, sobre Fonología y Fonética, hemos señalado algunos cambios que se producen en los prefijos: aféresis, prótesis, reducciones, vacilaciones vocálicas, etc. Señalaremos aquí únicamente alguna que otra peculiaridad.
Es notable la vitalidad del prefijo a-: allegar, asoplar. En ocasiones nos encontramos con una acumulación de prefijos, del tipo a-rre-, que añadido a algunos verbos, aunque no varíe la significación de los mismos, les da un mayor énfasis, les añade un valor intensivo: arregolver, arreparar, arretorcer.
También con un intento de intensificación afectiva hay casos de doble sufijación: chiquitino, cachirrinino, chiquenino.
Como vemos, es muy utilizado el sufijo diminutivo -ino, característico del leonés: camisinas, cachiporrina, muchachinos, muñequino, cacharrinos, días chiquitines, patinos, gatinos, chivinos, borreguinos, topinos, zorrinos. Es usual también su utilización con valor afectivo: carina, tontina, mediquina, amarillinos. Con nombres propios tiene un valor afectivo-diminutivo: Mariquina, Vicentina, Miguelino.
Del sufijo -ín, también leonés, aparece algún ejemplo, de tipo afectivo o diminutivo, con nombres propios Periquín, Miguelín. Sólo un ejemplo, aunque repetido en varias ocasiones, encontramos del sufijo -ico: bolsicos (bolsillos).
Este hecho anterior, el uso de sufijos con nombres propios, es normal en Isabel Gallardo, ya con significado afectivo (Periquito), ya con significado despectivo (la Mariquitona, Colasona, Miguelato).
El sufijo -eño es utilizado por Isabel Gallardo como gentilicio: peleño (natural de Navalvillar de Pela), jabeño (de La Haba).
Otros usos de prefijos y sufijos son, por ejemplo: emprestar, barbarote, reladronazo, refeísimo, riquejo (rico), cuartejos, trastajos (trastos).
Las vacilaciones en el uso de algunos prefijos traen consigo hechos como la aparición o la pérdida del prefijo en distintas palabras: ser encapás (ser capaz), pedernío (empedernido).
Hay algún ejemplo en que una preposición se refuerza con otra: dir a por agua.
El cruce de las preposiciones a y en produce la forma an en la expresión an ca (en casa de), con pérdida de la preposición de.
La pérdida de esta preposición de, a veces su reducción a e, es habitual: la man´un santo (la mano de un santo), la Plácida el Monique (la Plácida del Monique), un cachino e pan (un cachino de pan). Pero, a veces, hay un uso innecesario de esta preposición: le mandaban de llenar.
En los pronombres las diferencias con el español estriban en las formas nusotros, vusotros y en la fuerte tendencia al leísmo y al laísmo. La forma pronominal más afectada por los cambios es la forma átona de segunda persona del plural, que presenta las variantes sos, sus, vos. También la primera persona del plural presenta una variante mos: darmos (darnos), ensenándomos.
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En el orden de los pronombres, el pronombre se suele posponerse a los pronombres átonos personales: me se, te se. En los pronombres personales suele anteponerse la primera persona a la segunda: yo y la parienta. También en alguna ocasión aparece la forma te sientes (siéntate).
En el verbo destacamos el abundante uso de los infinitivos en -ear, -iar: roñosear, cohetear, jinchonear, matancear, zambombear, percancear, repuntear, roquear (repetir el nombre de Roque), zambear, cuquear, deliriar, lamiar (lamer), espeluciar (espeluzar), dondear...
Aparecen algunos infinitivos vulgares, como goler, que afectan a toda la conjugación del verbo: güelo, güeles. También algunos infinitivos pierden la consonante final: ve (ver), jincá, tené, ará, querete (quererte).
En el presente de indicativo hemos de reseñar que algunas formas verbales aparecen diptongadas: entriega, entriegue. También aparecen diptongadas otras formas como dijiera.
El diptongo ei de la desinencia de la segunda persona plural de este tiempo se reduce, manteniendo la terminación latina: tenís (tenéis), habís visto (habéis), vis (veis), echís, querís, padecís, verís, sabís... En el pretérito imperfecto son corrientes las formas vía (veía), vían...
Como ya hemos señalado, la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple se realiza con una -s desinencial: atastes, distes, leístes...
En este mismo tiempo se conservan algunas formas antiguas de los verbos traer y ver: truje, vide.
En el futuro imperfecto de indicativo aparece una consonante dental epentética: quedrá, quedramos.
El presente de subjuntivo conserva algunas formas analógicas, del tipo haiga (haya). Además, la primera persona de los verbos incoativos se forma sobre el infinitivo: meza (mezca), creza (crezca).
Son frecuentes las pérdidas de consonantes intervocálicas, que a su vez provocan diversas contracciones de las vocales que quedan en contacto. Así ocurre en el pretérito imperfecto de subjuntivo: fua (fuera), quisiá (quisiera), via, supiá, jiciá (hiciera), pudiá, tuviá; pero, también en otras formas verbales: quie (quiere), mia (mira), pace (parece), tie (tiene), pue (puede), quio (quiero). A veces desaparece la sílaba completa: temos (tenemos).
Es frecuente el imperativo en -ai, incluso con el pronombre enclítico: mirai, daile (dale), cayaise, esperaime, vaite, haceilos (hacerlos), sujetaime.
Aún es más corriente que la segunda persona plural del imperativo adopte la forma del infinitivo, incluso con un pronombre enclítico: venir (venid), rendir, recibir, esperarsos.
Encontramos en la obra de Isabel Gallardo el uso de los verbos “entrar” y “caer” con los significados de “meter” y “tirar”. Por ejemplo: “cuidando de no caer los restos de vidrio”. El verbo “soñar” presenta flexión pronominal: Te has soñao. Por otro lado, algunos verbos como “coger”, “ir”, etc., aparecen en ocasiones como simples rictus lingüísticos, sin significado propio: va y se ríe, va y coge.
Un uso curioso es el que hace Isabel Gallardo del pretérito imperfecto de subjuntivo con su valor etimológico de pretérito pluscuamperfecto de indicativo: Hacía 25 años que se casara (había casado), mujeres que conociera (había conocido).
Otras formas vulgares que encontramos en la conjugación verbal son, por ejemplo: habemos ganao (hemos), andó (anduvo), ponío (puesto), saliré (saldré), reísos (reíos)...
Hemos de resaltar también algunos adverbios y locuciones adverbiales que utiliza la autora en sus obras: aluego, apriesa, aspacio, tamién, antisantier, endispués, de birlongueo (a
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la birlonga), al ventistate, a pata cajones (a horcajadas), de buten (muy bueno), ténguele enténguele (en tenguerengue).

I.2.3.- APÉNDICE

Isabel Gallardo intercala en su obra, principalmente en su novela Cachúmbala (1931), algunas palabras extranjeras que a principios de siglo comenzaban a ser usuales en el español: beig (beige), cok-tail, feroche, flit (líquido para eliminar insectos), Foriche (automóvil Ford), frigidaire (nevera), fut-boll, goal, el Kodak (máquina fotográfica), lunch, macferland, maillot, rimmel, sportmanes, tennis, wagón, etc. De modo semejante recoge términos como cafiaspirina (aspirina) o virginia (baile de salón a principos de siglo).
Esta novela, por el ambiente en que se desarrolla, también le sirve a doña Isabel para ofrecer un amplio muestrario de lo que ella denomina argot fruteril; es decir el lenguaje especial de los llamados niños bien o niños pera, a quienes ella denomina también niños fruta, niños peruétanos, niños nísperos, niños platinos, niños gomas o gomosos...
Por otra parte, su cercanía, sentimental y geográfica, al país vecino, lleva a que nuestra autora intercale también algunos palabras y frases portuguesas en su obra, principalmente en la novela inédita Torres muy altas, cuyo protagonista masculino es un portugués de ascendencia hispana: es meiga a menina, doida, rapariga, vermello, parva, guardiñas de la frontera, monte de olivas, portuguesiños.
Acostumbra también Isabel Gallardo a intercalar en sus escritos algunos refranes y frases hechas, como estas que transcribimos a modo de ejemplo: acabo de caer del burro; cantas lo mismo que un gallo con anginas; estar de monos (enfadados); ni aunque se lo mandara el moro Muza; no se vían ni los deos de las manos; poner como hoja de perejil; por la peana se besa al santo; tirar por la calle de en medio; el hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla; la otoñá verdadera, por san Bartolomé las aguas primeras; tomar el chocolate de espaldas (estar enfadados); cuando tu mujer te pide que te tires de un tajo...

Respecto a las fórmulas de tratamiento, nombres personales, motes, etc., hemos señalado anteriormente el uso habitual de artículo ante nombre propio femenino: las Bardají, la Calderona, la Anitilla, la Leoncia, la Julia; así como un caso de artículo ante nombre propio masculino: el Juaniquín. Aparece el artículo también ante los nombres propios con que son conocidos algunos animales domésticos: la Zapaquilda (una gata), el Navarro (perro), la Platera (burra).


En algunas poblaciones rurales es habitual denominar tío, tía a todas las personas mayores, sean o no de la familia. Este tratamiento es muy usual en la obra de nuestra autora: el tío Rebocillo, el tío Miguelato, la tía Misca, tío Mingo Puchas.
Menos utilizado es el tratamiento, que aún pervive en algunos pueblos de la Serena y la Siberia, de hermano, hermana a las personas mayores: hermana Guadalupina, hermano Calderín. Este tratamiento sólo aparece en algunos cuentos localizados, por ejemplo, en Navalvillar de Pela y Orellanita.
Sí son usuales los términos chacho, chascho (muchacho).

Las mujeres mayores suelen recibir el tratamiento de señá: señá María la Calderona, la seña maestra, la seña cocinera. Con personas jóvenes, aparecen en pocas ocasiones los términos señita Carmen (señorita), sito Pepe (señorito). En un par de cuentos aparece el tratamiento de señora y mi señora para referirse la nuera a la suegra.
Respecto a su propia familia, Isabel Gallardo se refiere generalmente a su marido como el señor, tratamiento que éste recibiría por parte de sus empleados y servidumbre. A su hija Vicenta sigue denominándola la niña en 1930, cuando ésta tiene ya veinte años.


Muy utilizados, cuando la autora describe el ambiente rural, son los motes o apodos: un gitano, el sordo; Natalia, la matancera; Antonia, la colorina; Natalia, la mondonguera; Cipriano, el sacristán. A veces, a la mujer se le adjudica el mote del marido: Francisca, la de Perejil.
También son muy utilizadas las abreviaciones y modificaciones hipocorísticas tanto del nombre como del apodo: Goro (Gregorio), Colasa, Colasona (Nicolasa), Pólito, Polonio, Sidoro, Tanasia (Atanasia), sacris (sacristán), secre (secretario).


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